Raimundo Lulio

Arte de Contemplación

El Arte de contemplación fue redactada hacia 1285. Forma parte del libro de Blanquerna pero es de por sí una obra distinta. Recogemos aquí solamente el prólogo a las doce partes del libro: virtudes divinas, esencia, unidad, Trinidad, Encarnación, Pater noster, Ave María, mandamientos, Miserere mei Deus, sacramentos, virtudes y vicios. Lulio nos informa que estando muy ocupado escribiendo otros libros, en vez de ofrecer un tratado completo, simplemente tratará del modo con que Blanquerna contemplaba a Dios. Por lo tanto el texto nos ofrece a un contemplativo ideal y su método de oración-contemplación. 

Texto tomado de: Pedro Sainz Rodríguez, Antología de la Literatura Espiritual española, I: Edad Media, Pontificia Universidad de Salamanca, Fundación Universitaria Española (Madrid 1984) 406-414.

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Prólogo

 

1. Tan alto y excelente es el Soberano Bien y tan ínfimo el hombre por sus culpas y pecados, que por esto acontece muchas veces a los ermitaños y santos varones experimentar gran dificultad y trabajo en elevar su alma a la contemplación de Dios; y como el arte y el método sea muy conducente para ello, por eso consideré Blanquerna cómo compusiese un Arte de Contemplación, para que con él se ayudase a tener en el corazón verdadera contrición y en sus ojos abundancia de lágrimas y lloros, y que su entendimiento y voluntad ascendiesen más altamente a contemplar a Dios en sus honores y dignidades y cuanto tiene en sí.

2. Habiendo Blanquerna bien meditado esta consideración, compuso este Libro de contemplación por arte, y lo dividió en doce partes, a saber: virtudes divinas, esencia, unidad, Trinidad, Encarnación, "Páter noster", "Ave María", mandamientos, "Miserere mei Deus", sacramentos, virtudes y vicios.

3. El arte de este libro consiste en que las virtudes divinas sean primeramente contempladas las unas con las otras, y después sean contempladas con las demás partes de este libro, proponiéndose el alma del devoto contemplador por su objeto a las virtudes divinas en su memoria, entendimiento y voluntad, y sepa concordar en su alma las virtudes y divinas dignidades con las demás partes del libro, en tal manera que todo se en camine a mayor honra y gloria de las divinas virtudes, que son éstas: bondad, grandeza, eternidad, poder, sabiduría, amor, virtud, verdad, gloria, perfección, justicia, largueza, misericordia, humildad, señorío y paciencia.

4. Todas estas virtudes pueden ser contempladas de diferentes modos, porque el un modo es contemplar una virtud con otra solamente, o una virtud con dos, o tres, o más virtudes. Otro modo es cuando el hombre contempla las virtudes de la esencia, o en la unidad, o en la Trinidad, o Encarnación, y así de las demás partes del libro. Otro modo es cuando en las virtudes contempla la esencia, o la unidad, o la Trinidad, o la Encarnación. Y otro modo es el contemplar en las palabras del "Páter Noster" o del "Ave María", etc. También puede el hombre contemplar en Dios y en sus obras con todas las dieciséis virtudes expresadas, o con algunas de ellas, según quisiere el hombre abreviar o prolongar su contemplación y conforme que el modo de la contemplación se conviene y conforma mejor con unas virtudes que con otras.

5. Las condiciones de este arte son éstas, a saber: que el hombre esté en buena disposición para contemplar, y en lugar a propósito y conveniente; pues que por sobrada reflexión o por demasiada afición o por si en el puesto en que se halla hay mucha prisa y ruido de gente, o mucho calor, o frío puede ser impedida la contemplación. Pero la más fuerte condición de este arte es que el hombre se halle libre de los cuidados y embarazos de las cosas temporales, en su memoria, entendimiento y voluntad, cuando entra en la contemplación.

6. Y por cuanto yo me hallo muy ocupado en escribir otros libros, por esto trataré brevemente del modo con que Blanquerna contemplaba por este arte. Y, primeramente empecemos por la primera parte de este libro.

 

Capítulo 1

Del modo con que Blanquerna contempla las virtudes de Dios

 

1. Lenvantóse Blanquerna a la media noche, y púsose a mirar el cielo y las estrellas, echando de su pensamiento todas las cosas del mundo. Y poniéndose todo en la meditación de las virtudes de Dios, primeramente quiso contemplar la bondad de Dios; en todas las dieciséis virtudes, y todas éstas en la bondad de Dios, y por esto, puesto de rodillas, levantó las manos al cielo y su pensamiento a Dios, y dijo estas palabras con su boca, y las meditó en su alma con todos los poderes de su memoria, de su entendimiento y de su voluntad.

2. "¡Oh Soberano Bien, que eres infinitamente grande en eternidad, poder, sabiduría, amor, virtud, verdad, gloria, perfección, justicia, largueza, misericordia, humildad, señorío y paciencia! Adórote, recordando, entendiendo, amando y hablando en ti y en todas las virtudes antedichas, las cuales son contigo y tú con ellas una esencia y una misma cosa sin diferencia alguna."

3. "¡Soberano bien, que eres grande, soberano grande que eres bien! Si no fueres tú eterno, no serías tan grande bien que pudiese mi alma llenar, en ti, a su memoria de memorar, y en ti, a su entendimiento de entender, y en ti, a su voluntad de amar; pero, siendo tú bien infinito y eterno, puede llenar toda mi alma y todas las almas racionales de gracia infusa y bendición, memorando, entendiendo y amando en ti, Soberano Bien, infinito y eterno."

4. Por aquel poder que Blanquerna recordaba en soberana bondad, tenía poder y virtud de elevar su consideración sobre el firmamento, y consideraba una grandeza tan grande que tuviese movimiento infinito, como un relámpago formado en seis rectitudes generales, que son éstas: alto, bajo, a la derecha, a la izquierda, delante y detrás, y que no podía encontrar término ni principio ni fin. Admirado se quedó Blanquerna de tal consideración, y mayormente cuando la dobló considerando aquella bondad tan grande en eternidad que no tiene principio ni fin. Mientras Blanquerna estaba todo absorto en este pensamiento y consideración, acordóse cuán grande bien es el poder divino, que puede ser tan grande y tan durable y que puede saber y querer infinitamente y eternalmente, y puede tener virtud, verdad, gloria, perfección, justicia, largueza, misericordia, humildad, señorío y paciencia infinita y eternal.

5. Perseverando Blanquerna en esta contemplación, empezó su corazón a calentarse y sus ojos a derramar lágrimas por el placer que sentía por el recordar, entender y amar tan nobles virtudes en la suprema bondad. Pero antes que Blanquerna pudiese perfectamente llorar, bajó su entendimiento a la potencia imaginativa, y con ella empezó a pensar y dudar cómo podía ser que antes que fuese el mundo tuviese Dios justicia, largueza, misericordia, humildad y señorío. Y por la participación del entendimiento con la imaginativa, aquella duda enfrió el calor de ~u corazón y disminuyéronsele las lágrimas en sus ojos, y entonces Blanquerna desnudó su entendimiento de la potencia imaginativa, subiéndole sobre ella, acordándose que el Soberano Bien es infinito en toda perfección y, como tal, por su propia virtud y por su propia gloria puede y sabe tener tan perfectamente justicia, misericordia, largueza, humildad y señorío, como todas las demás virtudes antedichas, así antes que fuese el mundo como después que es creado; por esto faltaba, o no había, quien pudiese de aquel Soberano Bien recibir los efectos de su gran misericordia ni la influencia de las demás virtudes referidas.

6. Agradó mucho a la voluntad de Blanquerna la acción que hizo el entendimiento cuando dejó acá abajo la potencia imaginativa que le impedía y subió arriba a entender, sin ella, el poder infinito de Dios, el cual conviene que sea en justicia, largueza, etc., antes que fuese el mundo, porque, si no lo fuese, se seguiría que en la Suprema bondad habría defecto de poder, grande-za, eternidad, virtud y verdad; pero siendo imposible que en Dios haya defecto alguno, por eso la voluntad inflamó tanto el corazón de Blanquerna, que sus ojos se llenaron de lágrimas muy copiosas.

7. Mientras Blanquerna contemplaba y lloraba de este modo, allá en el interior de su alma se hablaban mentalmente su memoria, entendimiento y voluntad, y se complacían con grande alegría en las virtudes de Dios, según significaban las siguientes palabras: -Memoria-dijo el entendimiento-, ¿qué recordáis de la bondad y de la sabiduría y amor de Dios? Y vos, voluntad, ¿qué amáis de ellas? -Respondió primero la memoria diciendo: -Cuando yo en mi recuerdo he visto y pienso cuán grande bien es saberse a sí mismo mayor y más noble en esencia y voluntad que todas las cosas, no me siento tan grande ni tan elevada como cuando recuerdo el Soberano Bien ser infinito en saber y querer; y cuando a este mi recuerdo junto yo, según mi consideración, la eternidad, poder, virtud, verdad, gloria, perfección, etcétera, que son en él una cosa misma, entonces me siento engrandecer y exaltar, memorando estas cosas, y me parece que voy creciendo sobre todas cosas. Con estas y otras muchas palabras respondió la memoria al entendimiento y después la voluntad la respondió de semejante modo, diciendo que ella no se sentía tan alta y tan grande cuando amaba al Soberano Bien por ser más sabio y más amante que ninguna otra cosa, ,como entonces cuando le amaba por tener sabiduría eterna e infinita. El entendimiento después dijo de sí mismo a la memoria y a la voluntad que él se hallaba en el mismo estado y semejante al de las dos potencias en la contemplación del Soberano Bien.

8. Acordaron entre sí la memoria, entendimiento y voluntad de contemplar a la divina bondad en la virtud, verdad y gloria; y recordó la memoria virtud de bien infinido, existiendo la virtud infinita en verdad y gloria; y el entendimiento entendió todo aquello que la memoria recordó; y la voluntad amó todo aquello que la memoria recordaba y el entendimiento entendía. Otra vez volvió la memoria a su recuerdo, y recordó verdad infinita del supremo bien, existiendo en la verdad, virtud y gloria infinita; y el entendimiento entendió gloria infinita existiendo en la gloria virtud y verdad, que son supremo bien y glorioso; y la voluntad lo amó todo junto en una actualidad y en una misma perfección.

9. Preguntó Blanquerna a su entendimiento, diciéndole: -Si el Soberano Bien me da la salvación, ¿qué entenderás tú? -Y respondió el entendimiento: -Yo entenderé la misericordia y la humildad y la largueza de Dios. Y tú, ¡oh memoria!, si el Soberano Bien me condena., ¿qué memorarás? -Respondió: -Amaré aquello que la memoria recordará, si estuviere en lugar que lo pueda amar, puesto que las virtudes del Soberano Bien por sí mismas son amables.

10. Después de todo esto, Blanquerna se acordó en sus pecados, y entendió cuán grande bien es haber en Dios paciencia, porque si no la hubiera, cuan presto el hombre comete el pecado, sería castigado y privado de este mundo. Y por esto preguntó a la voluntad qué gracias daría a la paciencia de Dios, que le sufría y había siempre sufrido. Respondió la voluntad, y dijo que ella amaría en el Soberano Bien la justicia, aunque fuese posible que el entendimiento pudiese saber que le había de condenar por sus pecados. Agradó mucho a Blanquerna la respuesta que dio la voluntad, y la boca de Blanquerna, con todas las tres potencias de su alma, loaron y bendijeron mucho la paciencia del Soberano Bien por todas las virtudes divinas.

11. Según este modo contemplaba Blanquerna las virtudes divinas desde la media noche hasta la hora de maitines, haciendo gracias a Dios que se había humillado a él en haberle guiado y enderezado en su contemplación. Y cuando quiso finir la contemplación y tocar a maitines, empezó a acordarse de que no había contemplado la paciencia de Dios tan altamente como las otras virtudes, por cuanto la había contemplado solamente en respecto a sí mismo, según que arriba va expresado, y por esto le fue conveniente volver otra vez en la contemplación, y dijo que él adoraba y contemplaba a la paciencia de Dios en el ser una misma cosa con la suprema bondad y con las demás otras virtudes, sin diferencia ninguna. Por lo cual el entendimiento se admiró en gran manera cómo podía ser la paciencia una cosa misma en esencia con las otras virtudes. Pero la memoria recordó que las virtudes en Dios no tienen diferencia alguna las unas de las otras; pero por cuanto las obras que tiene en las criaturas, por las cuales ella son representada como por su efecto, son diversas [por esto parecen diversas], así como parece diversa la vista cuando mira en dos espejos y el uno es recto y el otro oblicuo, y la vista en sí es una sola en cada uno de los espejos, sin diferencia alguna.

(Del Arte de Contemplación, de R. Llull, en "Obras literarias", de la BAC, t. 31, págs. 524-529.)


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