“EL SIGLO OSCURO DEL PONTIFICADO”

LA ANTAPODOSIS (RETRIBUCIÓN) DE LUITPRANDO DE CREMONA [1]

(Fragmentos)

 

El siglo X representa uno de los períodos más oscuros para el pontificado romano; el cardenal César Baronio, en sus famosos Annales ecclesiastici calificó a este período como un saeculum ferreum, plumbeum y  obscurum.

Dos hechos particularmente significativos de este período doloroso lo representan el pontificado de Esteban VI (897), quien motivado por intereses de partido fue responsable de la sacrílega damnatio memoriae del Papa Formoso (891-896) conocida como “el juicio cadavérico”, y el dominio que sobre el pontificado romano ejercieron las familias nobles de Roma. Tristemente famosos fueron los condes de Túsculo, a cuya familia pertenecían Teodora y sus hijas Teodora y Marocia. Madres y amantes de varios pontífices, estas mujeres fueron la causa de que a este momento histórico se lo conociese como la “pornocracia”.

El texto que transcribimos a continuación es obra de Luitprando, obispo de Cremona. De origen lombardo y de familia noble, Luitprando se encontraba en la corte del rey Hugo de Italia (926-945) ya en el 931, habiendo sido ordenado diácono en Pavía; después de la fuga del Rey Hugo, Luitprando se desempeñó como consejero y canciller del rey Berengario II (950-961) de quien fue embajador en Bizancio.

Card. Caesar Baronius, 1538- 1607

  Página de la Antapodosis de un ms. en la Bayerische Staatsbibliothek

Después de una fuerte pelea con Berengario sirvió en la corte del emperador Otón I de Alemania (951-973); entonces escribió en Francfort su famosa Antapodosis [2] (palabra que significa “retribución” con sentido vindicativo) que dedica al obispo Recemundo de Granada [3] a quien había conocido en la corte alemana [4] . La obra de Luitprando, aún con su tendencia a la difamación, sus inexactitudes históricas y su estilo afectado, no deja de ser una fuente importante para el estudio de esta penosa etapa de la historia de la Iglesia medieval.


El “juicio cadavérico” [5]

 

            En aquellos tiempos, el religiosísimo Papa Formoso [6] que había exhortado al rey Arnolfo [7] a venir a Roma, había sufrido las vejaciones de los romanos [8] . El Rey, para vengar las ofensas inferidas al Pontífice, ordenó que fuesen decapitados muchos de los principales ciudadanos romanos que se habían sublevado contra aquel.

            La causa del rencor entre Formoso y los romanos había sido la siguiente: Cuando murió el predecesor de Formoso, era diácono de la Iglesia Romana un cierto Sergio [9] , al cual una parte de la población había elegido como Papa. Pero otra parte, y no de las menos importantes, deseaba como Papa a Formoso, obispo de Ostia, dada su religiosidad y el conocimiento que tenía de las doctrinas divinas. Cuando se estaba por nombrar a Sergio como Vicario de los apóstoles [10] , el partido que favorecía a Formoso alejó a Sergio del altar, con grandes tumultos y amenazas, y eligió a Formoso como Papa.

            Sergio, entonces, se marchó a Toscana a fin de recibir ayuda de aquel potentísimo marqués Adalberto [11] , y alcanzó su objetivo. Cuando Formoso dejó esta vida y Arnulfo murió en sus propios estados, fue expulsado aquel que había sido electo después del asesinato de Formoso [12] y Adalberto proclamó como Papa a Sergio [13] . Éste, una vez nombrado, dado que era impío e ignoraba las sagradas doctrinas, mandó que Formoso fuera extraído del sepulcro y colocado en la sede del Pontificado Romano, vestido con los ornamentos sacerdotales, y le dijo: “¿por qué, cuando eras obispo de Ostia, has usurpado, por espíritu de ambición, la universal sede romana?” Luego ordenó que lo arrojasen al Tíber después de haberlo despojado de los ornamentos sagrados y de haberle amputado tres dedos. Del mismo modo, dispuso que fuesen destituidos de su grado todos aquellos que habían sido ordenados por el difunto y personalmente los consagró de nuevo. ¡Oh padre santísimo [14] , por este hecho podrás comprender cómo actuó aquel!...

            Cuánta autoridad haya tenido y cuánta religión haya profesado el Papa Formoso lo podemos deducir del siguiente hecho. Cuando el cuerpo fue hallado por algunos pescadores quienes lo llevaron a la iglesia del bienaventurado Pedro, príncipe de los Apóstoles, algunas imágenes de santos lo saludaron con veneración, cuando fue depuesto en la tumba. Esto lo he oído contar muchas veces por hombres religiosísimos de Roma.

 

La “pornocracia” [15]

            En aquel tiempo, Juan el ravenés [16] , ocupaba la suprema cátedra de la venerable sede Romana; y he aquí en qué modo había alcanzado la cumbre del pontificado con un delito contra la justicia y la ley.

            La impúdica meretriz Teodora, abuela de aquel Alberico que hace poco ha fallecido –y ésta es una cosa muy obscena de contar– detentaba virilmente el gobierno de Roma. Había tenido dos hijas, Marocia y Teodora, que no sólo la igualaban, sino que la superaban en las prácticas lujuriosas. De éstas, Marocia, en un deplorable adulterio, engendró con el Papa Sergio [17] (del cual hemos hablado antes) a Juan [18] , el cual obtuvo la dignidad de la iglesia de Roma después de la muerte de Juan de Ravena. Poco después procreó, con el marqués Alberico, a aquel Alberico [19] que después, en nuestros tiempos, usurpó el poder en Roma. Entonces, gobernaba la sede del pontificado de Ravena Pedro [20] , el cual era estimado como el segundo arzobispo después del arzobispo de Roma y, dado que este, por cumplir con las obligaciones de su sumisión, estaba obligado a enviar varias veces a Roma al antedicho Papa Juan (entonces ministro de su Iglesia) [21] , Teodora, que como he dicho era una meretriz impúdica, presa de la libido, se encendió por el bello aspecto de él y no solo quiso que aquel la poseyese, sino que lo impelió a acostarse con ella muchas veces. Mientras ocurrían estos torpes sucesos, murió el obispo de la iglesia de Boloña y Juan fue elegido en su lugar. Poco después, murió también el predicho arzobispo de Ravena antes que fuese consagrado aquél, y este Juan, inflado de ambición, usurpó su puesto (¡contra las prescripciones de los santos padres!) a causa de las intrigas de Teodora, abandonando la iglesia de Boloña que antes regía. Fue a Roma y fue, poco después, ordenado obispo de la Iglesia de Ravena. Transcurrido un breve tiempo (dado que Dios lo llamó a sí) murió el Papa que lo había ordenado injustamente y entonces la mente perversa de Teodora, ofuscada por el amor, para que no disminuyeran los abrazos de aquél, dado que su amante habría estado distante doscientas millas de ella (tantas cuantas dista Ravena de Roma) lo obligó a abandonar el arzobispado de Ravena y a usurpar (¡cosa indigna!) el sumo pontificado romano. Éste había sido elegido Vicario de los Santos Apóstoles de tal modo, cuando los sarracenos, como he dicho, miserablemente desgarraban Benevento y las ciudades romanas.

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Notas

[1] luitprando de cremona, Historia gestorum Regum et Imperatorum sive Antapodosis. Publicado en PL 136, 787-898. Para la presente traducción me he valido –cotejándola con el original latino– de la traducción italiana a cargo de Alejandro Cutolo Luitprando da Cremona, Tutte le opere (la Restituzione – Le gesta di Ottone I – La Relazione di un’ambasceria a Costantinopoli) (891-969), Milán – Florencia – Roma: Valentino Bompiani, 1945, 67-68 y 99-101. Puede cotejarse también la reciente traducción inglesa: luitprando de cremona, The Complete Works of Luidprand of Cremona, Translated by Paolo Squatriti, Medieval Texts in Translation, The Catholic University of America Press, Washington 2007. Cf. también la clásica Monumenta Germaniae Historica. Joseph Becker (Hrsg.): Scriptores rerum Germanicarum in usum scholarum separatim editi 41: Die Werke Liudprands von Cremona (Liudprandi Opera). Hannover 1915.

               Traducción, introducción y notas de Fr. Ricardo Walter Corleto OAR.

[2] Hans Grotz, La storiografia medioevale. Introduzione e sguardo panoramico, Editrice Pontificia Università Gregoriana: Roma, 1993, 21-22.

[3] Manuel Díaz y Díaz, Voz Recemundo en Diccionario de Historia Eclesiástica de España, Dir. Quintín Aldea Vaquero, Tomás Marín Martínez y José Vives Gatell, III, Madrid: Instituto Enrique Flórez (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), 1973, 2051

[4] Beryl Smalley, Storici nel Medioevo, Liguori editore: Nápoles, 1979, 105.

[5] Luitprando da Cremona, La Restituzione, I. Edición citada pp. 67-68.

[6] Formoso fue obispo de Porto desde el 864 hasta el 876, año en el que fue depuesto. Repuesto en la sede de Porto en el 883 la rigió hasta el 891 en que fue elegido como Pontífice Romano (891-896). Pius Bonifacius Gams, Series Episcoporum Ecclesiae Catholicae, Graz: Akademische Druck- U. Verlagsanstalt, 1957, II; VIII.

[7] Arnolfo, hijo natural de Carlomán, fue Duque de Carintia desde el 880, luego fue reconocido como Rey de Baviera y más tarde de Alemania (887) y finalmente coronado Emperador (896); falleció el 8 de diciembre de 899.

[8] Arnulfo se presentó en Pavía en diciembre del 895. De allí se dirigió a Roma, siendo coronado por el Papa como emperador en el 896. Cf. Eugen Ewig, La Iglesia de occidente desde la muerte de Ludovico Pío hasta el fin de la era carolingia en Manual de historia de la Iglesia, dir. Hubert Jedin, III, Barcelona: Herder, 1987, p. 267-268.

[9] Luitprando introduce aquí a este personaje llamado Sergio, al que, erróneamente, señala como contendiente de Formoso en la Sede Apostólica; por lo que dice más adelante Luitprando identifica a este Sergio con el futuro papa Sergio III (904-911), de quien afirma ser padre junto con Marocia (hija de Teodora y Teofilacto) del futuro papa Juan XI (931-936); a este mismo Sergio es a quien Luitprando hace responsable del “juicio cadavérico”. En realidad el responsable del famoso juicio fue Esteban VI (897), quien antes de su ascenso a la Sede de Pedro había sido nombrado –por el mismo Formoso- como obispo de Anagni; Esteban era apoyado por el partido del emperador Lamberto (892-899) hijo de Guido de Espoleto y de la emperatriz Ageltrudis; y como tal era un antiformosiano decidido, toda vez que los miembros de la casa de Espoleto habían tenido que soportar el asedio del emperador y rey de Alemania Arnulfo cuando éste descendió a Italia (896) convocado por Formoso. Cf. Pio Paschini y Vincenzo Monachino, I Papi nella storia, I, Coletti: Roma, 1961, 333-342.

[10] Nótese que Luitprando no atribuye al Papa el título de “Vicario de Cristo”, sino el de “Vicario de los apóstoles”.

[11] Seguramente, Luitprando se refiere aquí a Adalberto II llamado “el rico”, marqués de Toscana desde el 890 hasta el 917.

[12] El Papa Bonifacio VI (896).

[13] Ya he indicado que Luiprando confunde a Sergio III con Esteban VI.

[14] Luitprando se dirige aquí a Regimundo, obispo de Elvira (958), a quien dedica toda su obra.

[15] Luitprando da Cremona, La Restituzione, II. Edición citada pp. 99-101.

[16] Se refiere a Juan XI (931-936)

[17] Sergio III (904-911).

[18] Juan XI (931-935).

[19] Alberico fue aclamado como “Princeps et omnium Romanorum Senator” (932-954).

[20] Pedro VI de Ravena (927-971) (?).

[21] Los amoríos del Papa Juan X (914-928) con Teodora, son calificados por Friedrich Kempf como una “invención de Luitprando de Cremona” a quien califica como “amigo del escándalo”. Cf. Friedrich Kempf, La comunidad de  pueblos occidental y la Iglesia desde el 900 hasta el 1046 en Manual de Historia de la Iglesia, dir. Hubert Jedin, III, 328.


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