LA DOCTRINA CÁTARA EN EL MEDIOEVO

(EL LIBER DE DUOBUS PRINCIPIIS )[1]

  

 

            El Liber de duobus principiis es uno de los pocos ejemplos de literatura cátara que ha llegado hasta nosotros, de allí la importancia del texto cuya traducción damos a continuación para la comprensión de esta herejía que junto con el movimiento pauperista constituyó el principal foco de heterodoxia en el medioevo.

            El origen de los cátaros (del ggo. Kaqaroi = puros) -también conocidos como bogomilos-  en Europa occidental parece hoy ya desvelado. Al parecer su origen se ubicaría en la península balcánica (Bulgaria-Bosnia) adonde los emperadores bizantinos habían ubicado los restos del antiguo maniqueísmo; desde allí estas doctrinas habrían pasado al occidente europeo gracias a los cruzados y a los comerciantes que tenían contacto con el oriente[2].

            Los cátaros se afincaron principalmente en Languedoc, y especialmente en la ciudad de Albi (de allí la denominación de albigenses), pero también se extendieron por Lombardía, y en medida menor por el resto de Europa[3]. Afines a los cátaros y cultivadores de un dualismo extremo como aquellos, eran los albanenses que se nuclearon en torno al lago de Garda bajo Juan de Luglio y llegaron incluso a formar la diócesis cátara de Desenzano[4]. Precisamente al contexto de los albanenses pertenece el texto que ahora consideramos.

            El Liber de duobus principiis escrito hacia el año 1250 se conserva en un códice (llamado el manuscrito florentino) que parece ser un resumen fragmentario de otro texto anterior debido con toda probabilidad a la pluma de Juan de Luglio[5]. El autor redactó una serie de estudios de carácter cátaro agrupados sin demasiado orden. El texto que nosotros traducimos pertenece al Compendium ad instructionem rudium  que constituye una especie de catecismo cátaro para instrucción de personas poco cultivadas.

            El método argumentativo del Liber de duobus principiis se acerca mucho al de los escolásticos contemporáneos. El autor argumenta a través de rationes que se fundamentan en la Sagrada Escritura como autoridad. Además de la Biblia el autor manifiesta tener conocimiento de los filósofos antiguos y medievales[6].

            La doctrina del Liber es típicamente cátara, y por lo tanto dualista; el autor afirma la existencia de un Dios verdadero creador o “hacedor” del estado supraceleste, pero no de los elementos mudables e irracionales; como creador o “hacedor” de estos últimos existiría otro dios, coeterno e igualmente poderoso que el primero pero malo, y causante de todos los males.

           


 

44. Dios no es poderoso en el dominio del mal, sino que existe otra potencia mala

 

            Puesto que Dios no es poderoso en el dominio del mal, de manera tal que sea él quien dé existencia a los males, es que debemos creer firmemente que existe otro principio del mal, poderoso en el mal; principio del cual provienen todos los males, que existieron, existen y existirán, y tal vez a esto se refería David cuando dijo: “¿Porqué te glorías en la malicia, tu que eres poderoso en iniquidad? Todo el día tu lengua pronuncia injusticias; como una navaja afilada has realizado la astucia; y has preferido la malicia a la bondad, la palabra inicua a la palabra equitativa”[7].

            Y en el Apocalipsis, el bienaventurado Juan dice: “Y fue arrojado aquel gran dragón, la serpiente antigua, llamada diablo y Satanás, que seduce al mundo entero”[8]. Y en el evangelio de Lucas Cristo dice: “La semilla es la palabra de Dios; aquellos que se encuentran al borde del camino son aquellos que comprenden; luego viene el diablo, quien arrebata de su corazón la palabra,  por miedo de que creyendo en ella se salven”[9]. Y el profeta Daniel dice: “Yo miraba y he aquí que ese cuerno hacía la guerra contra los santos y  prevalecía sobre ellos hasta que llegó el Anciano quien hizo justicia a los santos del Altísimo”[10] etc.[11]... He aquí porqué, a los ojos de los sabios, se juzga como absolutamente imposible que este poderoso y su potencia o poder provengan, en el sentido absoluto y propio de la palabra, del Señor verdadero Dios, toda vez que todos los días [tal poder] actúa con suprema malicia contra Dios y contra su creatura y que el Señor nuestro Dios se esfuerza enérgicamente cada día en rechazarlo. Lo cual no haría el verdadero Dios si fuera realmente de él mismo que dependiesen todas esas disposiciones, como lo dicen casi todos nuestros adversarios.

 

45. De la destrucción de ese poderoso

 

            Ahora bien, que el Señor verdadero Dios deba destruir a ese poderoso junto con el conjunto de sus poderes, quienes cada día actúan contra él y sus creaturas, lo encontramos claramente en las divinas escrituras. En efecto, David dice de aquel que es poderoso en iniquidad: “He aquí porqué el Señor te destruirá al fin, y te arrancará, te expulsará de tu tabernáculo, y extirpará tu raíz de la tierra de los vivos”[12]. Y según se cree, suplicando a su Dios contra ese poderoso David dijo: “Tritura el brazo del pecador y del maligno; se buscará su pecado y no se lo encontrará más. El Señor reinará en la eternidad por los siglos de los siglos”[13]. Y en otra parte: “Todavía un poco y el pecador desaparecerá, y tu buscarás su lugar y no lo encontrarás”[14]. Y en los Proverbios de Salomón está escrito: “En su maldad el impío ha sido expulsado”[15]. Y haciendo mención de la destrucción de ese poderoso por la venida de nuestro Señor Jesucristo, el Apóstol dice a los hebreos: “Para destruir por la muerte a aquel que tenía el imperio de la muerte, es decir el diablo”.[16] y así el Señor nuestro Dios no solamente se esforzó en destruir a ese poderoso, sino también a todos lo poderes y dominaciones que parecían dominar a través de ese ser poderoso sobre las criaturas del Señor bueno, cuando ellas están sometidas al imperio de ese maligno. Como la bienaventurada virgen María dice en el evangelio según san Lucas: “Él despojó a los poderosos del trono y exaltó a los humildes”.[17] Y, en la primera a los Corintios dice el Apóstol: “A continuación vendrá el fin, cuando él haya entregado el reino a Dios su padre, habiendo desposeído a todo principado, potencia, virtud, dominación”, “en último lugar la muerte, el enemigo de todos, será destruida”.[18] Y lo mismo dice a los colocenses: “Dando gracias a Dios y Padre, que nos hizo dignos de tener parte en la herencia de los santos, en la luz de la verdad, que nos arrancó del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo bienamado”...[19] Por todo esto es necesario creer firmemente que el poder de Satanás y de las tinieblas no puede provenir en absoluto, en el sentido propio de la palabra, del Señor verdadero Dios. De otro modo, si el poder de Satanás y de las tinieblas en todas sus disposiciones proviniese, en el sentido propio de la palabra, del Señor verdadero Dios, junto con todas las otras potencias, virtudes o dominaciones, tal como lo afirman los ignorantes, Pablo junto con los otros fieles de Jesucristo no habrían podido en modo alguno ser arrancados del poder de las tinieblas. Y tampoco nadie habría podido en modo alguno convertirse del poder de Satanás al Señor verdadero Dios. Y he aquí la razón principal: si alguien fuera sustraído del poder de Satanás y de las tinieblas, sería sustraído en realidad y principalmente del poder del Señor verdadero Dios, si es exacto que todas las potencias, virtudes y dominaciones derivan en realidad y principalmente del mismo Dios bueno; y, además, el Señor mismo no habría podido desposeer ni despojar a otro poder que el suyo, si no existiera absolutamente ningún otro, como lo dicen todos los adversarios de aquellos verdaderos cristianos que con justicia reciben el nombre de Albanenses.[20]

 

46. Del principio malo

 

            Por todo esto, según dicen los sabios, se debe creer firmemente que existe otro principio, el del mal, poderoso en iniquidad, y del cual derivan en realidad y principalmente el poder de Satanás y de las tinieblas, con todas las otras potencias en lucha contra el Señor verdadero Dios, como ha sido mostrado más arriba, y como, si Dios quiere, aparecerá más adelante. Además, la misma potencia divina, según dicen los sabios, parecería que se combate, que se destruye y lucha consigo misma. Ciertamente el Apóstol dice a los efesios: “Por otra parte, hermanos, confortaos en el Señor y en la potencia de su fuerza: revestíos con la armadura de Dios, para poder permanecer firmes frente a las insidias del diablo, puesto que el nuestro no es un combate contra la carne y la sangre, sino contra los principados y las potestades, contra los gobernadores del mundo de estas tinieblas, contra las fuerzas espirituales de la perversidad en las regiones celestiales. Por ello, tomad la armadura de Dios, a fin de poder resistir el día malo y permanecer perfectos en todas las cosas” etc. “Tomando en toda ocasión el escudo de la fe, gracias al cual podéis apagar todos los dardos encendidos del inicuo”[21]. Y así las virtudes y las potencias del Señor verdadero Dios se enfrentarían unas contra otras en lucha cotidiana a causa del mismo Dios, si no existiera otra potencia que la suya, lo que, respecto al verdadero Dios, sería la más inepta de las opiniones. Se sigue pues, a no dudarlo, que existe otra potencia, o poder no verdadero al cual el Señor verdadero Dios se esfuerza en combatir cada día, como contra los sabios, queda claramente demostrado más arriba...

 

48. Que existe una eternidad malvada

 

            Ahora bien, que existe otra eternidad o sempiternidad o antigüedad más allá y en otro Señor aparte del Señor verdadero Dios, podemos mostrarlo claramente a través de las Escrituras. En el evangelio de Mateo, Cristo dice: “Entonces el rey dirá a todos aquellos que estarán a su izquierda: apartaos de mi, malditos, e id al fuego eterno, que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles”[22]. Y el bienaventurado Judas, [hermano] de Santiago, dice: “En cuanto a los ángeles que no conservaron su principado, sino que abandonaron su residencia, él los encerró en la oscuridad con las cadenas eternas para el juicio del gran día”[23]. Y más adelante “Como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, entregadas también a la fornicación y entregándose de una carne a otra, se convirtieron en un ejemplo al sufrir un fuego eterno”[24]. Y el bienaventurado Job dice: “allí donde habitan la sombra de muerte, el caos y el horror sempiterno”[25]. Y a través de Ezequiel, el Señor dice del Monte Seir: “Yo te arrastraré hacia soledades sempiternas”[26]. Y en otra parte: “He aquí, dice el Señor, que yo, [volviéndome] hacia ti, Monte Seir, extenderé mi mano, te dejaré desolado y desierto, demoleré tus ciudades y tu quedarás desierto; y tu sabrás que yo soy el Señor, porque tu has sido mi enemigo sempiterno y has entregado a la espada a los hijos de Israel en el tiempo de su aflicción, en el tiempo de la iniquidad extrema”[27]; [el monte Seir] es una figura del diablo, enemigo del verdadero Dios, como Cristo lo ha hecho notar en el evangelio del bienaventurado Mateo[28]. Y el apóstol dice en la segunda [carta] a los tesalonicenses: “Quienes también sufrirán penas eternas en la ruina”[29]. Y en el Evangelio de Mateo dice Cristo: “Y aquellos irán al suplicio eterno”[30]. Y el mismo dice en el Evangelio del bienaventurado Marcos: “Aquel que blasfemare contra el Espíritu Santo no tendrá remisión en la eternidad, sino que será acusado de un delito eterno”[31].

            Haciendo mención de la eternidad del diablo, el profeta Habacuc dice: “Dios vendrá desde el sur, y el santo del monte Farán; su gloria ha cubierto los cielos, y la tierra está llena de su alabanza. Su esplendor será como una lumbrera y en sus manos tendrá cuernos; allí se esconde su fuerza. Ante su rostro avanzará la muerte; el diablo se escapará delante de sus pies. Y él se detuvo y midió la tierra; él mira y disuelve las naciones; las montañas seculares han sido pulverizadas, las colinas del mundo encorvadas por los caminos de su eternidad”[32].

            Sobre su antigüedad está escrito en el Apocalipsis: “Y fue arrojado aquel gran dragón, la serpiente antigua, llamada diablo y Satanás”[33]. En consecuencia, si, por eternidad, sempiternidad, antigüedad, se debe comprender plenamente que las esencias de esas realidades no tienen ni comienzo ni fin -como cualquiera puede percibir en el caso del Dios bueno-, manifiestamente acabamos de mostrar que el pecado, las penas, las angustias, el error, el fuego, el suplicio, las cadenas y el diablo no tienen ni principio ni fin: sea que estos nombres designen al principio supremo del mal o a sus efectos, son testimonio de una causa mala, única, eterna, o sempiterna, o antigua, puesto que si un efecto dado es eterno, o sempiterno, se sigue necesariamente que su causa lo es también. De este modo, a no dudarlo, existe un principio malo, del cual derivan en sentido propio y principal esta eternidad, o sempiternidad y antigüedad.

 

49. Existe otro creador o hacedor

 

            Que existe otro dios y señor, que es creador o hacedor, aparte del Dios fiel al cual encomiendan sus almas aquellos que sufren en sus buenas acciones, es mi intención el demostrarlo claramente por las Escrituras. Y principalmente según la fe que nuestros adversarios tienen en las antiguas Escrituras. En efecto, ellos dicen abiertamente que ese Señor es el creador o hacedor que creó e hizo las realidades visibles de este mundo, a saber: el cielo y la tierra, el mar, los hombres y las bestias, los pájaros y todos los reptiles, como leemos en el Génesis: “En el principio Dios creó el cielo y la tierra; y la tierra estaba vacía y deshabitada”[34]. Y más adelante: “Dios creó los grandes cetáceos y todo ser viviente y capaz de moverse y todo volátil según su género”[35]. Y más aún: “Y Dios hizo las bestias de la tierra según su especie, las alimañas y todo reptil según su género”[36]. Y todavía: “Y Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó”[37]. Y Cristo, en el Evangelio del bienaventurado Marcos, dice: “En el origen de la creación, Dios los hizo macho y hembra”[38].

            Es necesario tener en cuenta que, en este mundo, ningún hombre puede mostrar visible y temporalmente a un dios, sea éste bueno o malo, sino que por los efectos se conoce la causa. Y es por esto que debe saberse que nadie puede demostrar la existencia de un dios o creador malo a no ser por sus obras malas y por sus palabras inconsistentes. Pero yo afirmo que ese creador que creó e hizo las cosas visibles de este mundo no es el verdadero[39]. Lo cual quiero probar a partir de sus obras malas y de sus palabras inconsistentes, si es verdadero que las obras y palabras contenidas en las Antiguas Escrituras han sido hechas visible y materialmente por él en el tiempo en este mundo, como es claro que lo afirman nuestros adversarios.

            Como, en efecto, nosotros detestamos esas obras, tales como: cometer adulterio, robar la propiedad de otro, perpetrar un homicidio, maldecir a un santo, pactar con la mentira, sostener las propias afirmaciones con o sin juramentos ¡y no cumplirlas jamás por pequeñas que sean! Todas estas obras abominables que acabo de mencionar han sido hechas visible y materialmente en el tiempo y en este mundo por el dios o creador antes mencionado según la interpretación que nuestros adversarios dan a las Antiguas Escrituras[40]; ellos creen que esas Escrituras hablan de una creación y de una fabricación (factura) y de obras de este mundo que visiblemente y en el tiempo aparecen en este mundo. Y del mismo modo, son constreñidos necesariamente a confesarlo quienes creen en un solo principio principal. Y esto pretendo probarlo con toda evidencia por aquellas mismas Escrituras invocadas por la fe de nuestros adversarios.

 


Notas

 

[1] Para la presente traducción nos valemos de la edición crítica con traducción al francés publicada en Livre des deux Principes, introd., texto crítico, etc. de Christine Thouzellier, (= Sources Chrétiennes N° 198), París 1973, 504.

[2] Joseph Lortz, Historia de la Iglesia en la perspectiva de la historia del pensamiento, I, 23a. Ed., Madrid: 1982, 450-451.

[3] Manual de Historia de la Iglesia, dir. Hubert Jedin, IV, Barcelona: 1986, 355.

[4] Id., 355-356.

[5] Christine Thouzellier, Introduction, en Livre des deux Principes, 33 ss.

[6] Id., 71-73.

[7] Sal. 51, 3-5

[8] Ap. 12, 9

[9] Lc. 8, 11-12

[10] Dn. 7, 21-22

[11] El autor continúa presentando textos de las Sagradas Escrituras que, según él, avalarían su concepción sobre la existencia de una potencia mala que sería como una especie de anti-Dios. Por brevedad suprimimos todas estas citas bíblicas.

[12] Sal. 51, 7

[13] Sal. 10, 15-16

[14] Sal. 36, 10

[15] Prov. 14, 32

[16] Hb. 2, 14

[17] Lc. 1, 52

[18] I Cor. 15, 24. 26

[19] Col. 1, 12-13. Por razones de brevedad omitimos la retahíla de citas bíblicas que el autor pone a continuación, con el objeto de afirmar su argumento.

[20] La palabra albanenses designa frecuentemente en los escritos medievales a un grupo herético de tendencia netamente dualista extendido por Italia y que antes de 1190 tomó la forma de obispado (Desenzano junto al lago de Garda). Cf. Manual de historia de la Iglesia, dir. Hubert Jedin, IV, Barcelona 1986, 355 nota 2. En otras ocasiones, las palabras albanenses, albienses y albani son simplemente sinónimos de albigenses. Cf. voz Albanenses en Albert Blaise, Lexicon Latinitatis Medii Aevi praesertim ad res ecclesiasticas investigandas pertinens, Turnhout 1975, 31.

[21] Ef. 6, 10-13.16

[22] Mt. 25, 41

[23] Judas 6

[24] Judas 7

[25] Jb. 10, 22

[26] Ez. 35, 9

[27] Ez. 35, 3-5

[28] Mt. 13, 25.39

[29] II Tes. 1, 9

[30] Mt. 25, 46

[31] Mc. 3, 29

[32] Hab. 3, 3-6

[33] Ap. 12, 9

[34] Gn. 1, 1-2

[35] Gn. 1, 21

[36] Gn. 1, 25

[37] Gn. 1, 27

[38] Mc. 10, 6

[39] Aquí hace nuestro autor una de sus afirmaciones claves: las cosas visibles de este mundo han sido creadas no por el Dios verdadero, sino por el dios malo, causa y origen de todos los males. De esta afirmación se deriva lógicamente la malicia intrínseca de todos los seres materiales.

[40] El Liber de duobus principiis da aquí un nuevo paso que lo señala como cultivador de un dualismo típico: identifica al Dios del Antiguo Testamento con el dios malvado cuya existencia afirma frente al verdadero Dios. Más adelante, y a partir de citas del Antiguo Testamento, nuestro autor intenta probar que ese dios es origen de la fornicación, el robo y el homicidio; el ha maldecido a Cristo, ha pactado con la mentira y no ha cumplido sus promesas. Por razones de brevedad nosotros omitiremos esa larga argumentación.

 

  Volver al índice de documentos



© Fernando Gil - Ricardo Corleto, 1999-2008
© Pontificia Universidad Católica Argentina, 2008
Todos los derechos reservados

Este texto forma parte de los Documentos para el estudio de la Historia de la Iglesia Medieval una colección de textos del dominio público y de copia permitida relacionados a la historia de la Iglesia Medieval.

Salvo indicación contraria, esta forma específica de documento electrónico está amparada bajo derechos de autor. Se otorga permiso para hacer copias electrónicas, su distribución en forma impresa para fines educativos y uso personal. Si se reduplica el documento, indique la fuente. No se otorga permiso alguno para usos comerciales.