PRIMERA SENTENCIA DE GREGORIO VII CONTRA ENRIQUE IV(1)



Introducción

En el contexto de la lucha por la investidura laica(2) se dieron roces frecuente entre los pontífices romanos y los monarcas medievales; pero cuando al trono de Pedro accedió san Gregorio VII (1073-1085) y tuvo que enfrentarse con un monarca tan capaz y tan hábil políticamente como Enrique IV de Alemania (1056-1106) la lucha fue frontal y sin tregua.

En los años 1074 y 1075 Gregorio renovó los edictos contra la incontinencia de los clérigos y la simonía que ya los papas anteriores habían establecido, pero se descargó también -y de un modo feroz- contra la investidura laica (deposición para el clérigo que la recibía y excomunión para el príncipe que la confería); Enrique, por su parte, no estaba dispuesto a renunciar a lo que se consideraba entonces como un derecho perteneciente a la corona y en el 1075 confirió el arzobispado de Milán al clérigo Tedaldo. Ante la amenaza de excomunión pontificia Enrique convocó un sínodo en el cual algunos obispos antigregorianos "depusieron" al Papa(3). La respuesta de Gregorio no se hizo esperar: excomulgó al monarca, lo depuso y desligó a sus súbditos del juramento de fidelidad por el que le debían obediencia.

Es precisamente esta sentencia de deposición, pronunciada por Gregorio en la cuaresma del año 1076, el documento que transcribimos a continuación; la misma ha sido concebida como una larga oración a san Pedro, en la que se manifiesta con claridad cuál es la visión que el papa tenía de su relación con el Apóstol y de su misión como Pontífice Romano.


Sentencia

Bienaventurado Pedro, príncipe de los apóstoles, préstame, te lo pido, oído favorable; escúchame que soy tu servidor, a quien tú has alimentado desde la infancia y preservado hasta este día de la mano de los malvados, que me han odiado y me odian porque soy fiel. Tú eres mi testigo, lo mismo que mi soberana, la Madre de Dios, así como el bienaventurado Pablo, tu hermano entre todos los santos, tú eres mi testigo de que la santa Iglesia Romana me ha llevado a pesar mío a su gobierno y que no he mirado como una conquista el hecho de subir a tu sede. Hubiera preferido terminar mi vida como humilde peregrino más que tomar tu lugar por un sentimiento de gloria mundana y con la preocupación de un seglar. Si te ha agradado y si te agrada todavía que el pueblo cristiano, especialmente confiado a tu cuidado me obedezca, es, yo creo, un efecto de tu gracia y de ninguna manera el resultado de mis obras. Es porque soy tu representante que tu gracia ha descendido sobre mi, y esta gracia es el poder dado por Dios de atar y desatar en el cielo y en la tierra.

Fuerte por esta confianza, por el honor y la defensa de tu Iglesia, en nombre de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en virtud de tu poder y de tu autoridad, pongo en entredicho al hijo del emperador Enrique(4), que se ha levantado contra tu Iglesia con una insolencia inaudita en el gobierno de todo el reino de los teutones y de Italia; y desligo a todos los cristianos del juramento que le han prestado o que le prestan; prohíbo a toda persona que le obedezca como a rey(5). Es justo, en efecto, que aquel que se esfuerza por aminorar el honor de tu Iglesia pierda él mismo el honor que parece tener. Como él ha desdeñado de obedecer como cristiano y no se ha vuelto al Señor, a quien ha abandonado comunicándose con los excomulgados, volviéndose culpable de muchas iniquidades, despreciando los avisos que le he dado para su salvación, tú lo sabes, y separándose de tu Iglesia que ha querido desgarrar, yo lo ato, en tu nombre, con la atadura del anatema. Yo lo ato sobre la fe de tu poder, para que las naciones sepan y constaten que tú eres Pedro y que sobre esta piedra el Hijo de Dios vivo ha levantado su Iglesia, contra la cual las puertas del infierno no prevalecerán jamás.

 

Notas

1. La presente traducción de la primera sentencia que Gregorio VII pronunció contra el rey Enrique IV de Alemania la hemos tomado de Juan Guillermo DURAN, Historia de la Iglesia en la Edad Media. Cuadernos de documentación para la enseñanza, n. 3, 5-6. 

2. La investidura laica es una institución propia del medioevo occidental y deriva del régimen de la Iglesia privada.Por influjo del derecho germánico en la Europa medieval se hizo frecuente el concebir a las iglesias como un beneficium, que a semejanza de cualquier otro "beneficio" podía ser instituído por un laico y concedido como feudo. Así, pues, era frecuente que un señor feudal concediese a un clérigo una parroquia, una colegiata, etc. como feudo, participando luego de los frutos económicos de las mismas. Los reyes, por su parte, eran quienes normalmente otorgaban los obispados y las abadías más importantes. El rito de investidura constaba del juramento de fidelidad del vasallo que luego recibía de su señor el báculo pastoral y frecuentemente el anillo. Este gesto se prestaba a confusión pues parecía que era un laico quien concedía una jurisdicción eclesiástica, y por ello, fue ásperamente combatido por el papa Gregorio VII y por sus sucesores. 

3. Fue entonces cuando el rey se dirigió a Gregorio ordenándole que abandonase la ciudad de Roma. El monarca se dirigía al papa llamándolo "el falso monje Hildebrando" (!). 

4. Se refiere a Enrique III (1039-1056), emperador de Alemania y padre de Enrique IV.

5. Ya en el año 1075 Gregorio VII había afirmado en su famoso Dictatus papæ que el papa "podía deponer al emperador" y "desligar a los súbditos del [juramento] de fidelidad respecto a los inicuos"; ahora el papa no hace más que aplicar estos principios.

 


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