Esta carta escrita por Moisés Bertoni a su esposa, refleja mas que ningún
otro documento los ideales, objetivos, y también los motivos principales por
los que el Sabio decide abandonar Europa:
14 de febrero de 1882
..."El dado está echado y nosotros
partiremos"..."partiremos de una supuesta patria. Desdeñaremos una
sociedad sifilítica a la cual sólo las bombas sabrán curar. Una sociedad que
del lecho en el cual chacotea putanescamente se burla de nuestras ideas
humanitarias y que nos ofrece su inmundo pan, al precio de la humillación y el
embrutecimiento. ¡NO! ¡JURO A DIOS! la naturaleza no nos ha dotado de una
conciencia superior para embrutecerla en aquél océano de basura que
desfachatadamente llaman "sociedad moderna"...
LA
UTOPÍA PUDO ESTAR AQUÍ
La imagen que se ha ido construyendo en la provincia sobre Moisés Bertoni,
el naturalista suizo que llegó aquí a fines del siglo pasado- la de un hombre
preocupado exclusivamente por cuestiones botánicas y meteorológicas- es
completamente parcial, y ha ocultado la dimensión total de su pensamiento e
intenciones. Bertoni vino a Misiones con la idea primera de fundar aquí una
colonia socialista, Y su genealogía ideológica entronca con los grandes
nombres del movimiento anarquista y comunista europeo, a varios de cuyos
representantes conoció y frecuentó en Suiza, y quienes fueron los que lo
incitaron a emprender la aventura que lo trajo a estas tierras.
Bertoni fue un auténtico representante del pensamiento utópico europeo, y pese
a las incontables peripecias que debió pasar en América Latina, no renunció
nunca totalmente a su idea de perseguir la instauración de una sociedad ideal,
que de alguna manera vio confirmada con el descubrimiento de la cultura guaraní,
a la que dedicó su monumental obra, La Civilización Guaraní.
Moisés Bertoni nació en una familia liberal de Lottigna, un pequeño pueblo
del cantón suizo de Ticino. Desde el mismo comienzo de sus estudios
universitarios tuvo un marcado y similar interés por la ciencia y el
pensamiento y la acción políticos. Pero el camino de las ideas que lo
empujaron a venir a este rincón del planeta había comenzado mucho antes de él.
EN EL PRINCIPIO FUE EL ANARQUISMO
La aparición puntual del anarquismo como corriente del pensamiento político
europeo se produce en el siglo XIX, algunas décadas después de la Revolución
Francesa, con pensadores como Pierre-Joseph Proudhon, pero su surgimiento tiene
como antecedente a toda la tradición del pensamiento utópico de los siglos XIV
y XVII (con la cual Moisés y su aventura en América también tuvieron mucho
que ver).
El citado filósofo francés consideraba a la política como una soberanía del
individuo en beneficio de los dirigentes, lo cual implicaba ya un profundo
cuestionamiento al Estado como una construcción derivada de la práctica política.
Pero fueron el grupo de pensadores rusos constituidos por Bakunin, Kropotkin, y
el mismo Tolstoi, quienes desarrollaron este corpus de ideas destinado a
conmover profundamente las raíces de Occidente.
Aunque el movimiento no fue homogéneo, mas allá de las diferencias entres sus
diversas corrientes- una fragmentación que luego algunos considerarían la
marca del pensamiento de izquierda - la coincidencia básica de las dos ramas
principales del pensamiento revolucionario, el anarquismo y el comunismo, residía
en su rechazo del sistema capitalista, y la necesidad de construir un nuevo tipo
de sociedad, mas libre e igualitaria. Luego de la Ia Internacional, hacia 1872,
el enfrentamiento entre ambas tendencias desembocó en una grave ruptura que
debilitó considerablemente al movimiento libertario.
A partir de entonces, los anarquistas se organizaron en grupos clandestinos y
propendieron a la acción directa, radicalizándose y provocando que muchos de
sus representantes fueran expulsados de Europa. En ese marco, Suiza, no
obstante, acogió a varios, y entre ellos, al geógrafo francés Elisée Reclus,
quien tendría una fundamental importancia en el viaje de Bertoni a Misiones.
EL GERMEN DE UN VIAJE
Reclus - uno de los fundadores de la geografía humana- había colaborado con
Bakunin en la década de 1861-70. En 1867 se afilió a la I Internacional y en
1871 participó en la sublevación de la Comuna. Luego fue expulsado de Francia,
y recaló en Suiza, más exactamente en Clarens, Cantón de Vaud, donde Moisés
Bertoni lo Conoció.
Por esa misma época, además, Kropotkin estaba nuevamente en el país helvético
- donde ya había residido años atrás -, y allí funda junto con Reclus, el
periódico Le Révolté. Fue entonces que ambos discuten con Bertoni - quien había
abandonado sus estudios de derecho, y se dedicaba de lleno, en la medida en que
su creciente familia se lo permitía, a los más diversos estudios científicos
- la posibilidad de crear una comunidad agrícola socialista.
El anarquista francés, quien había estado en Colombia, es quien le aconseja
viajar a Latinoamérica para concretar sus ideas, y le sugiere dos escenarios
posibles para sus propósitos: Venezuela y el territorio de Misiones Argentina.
Al parecer, Bertoni descarta el primero, ya que sabía de las exploraciones
emprendidas por Humboldt allí, y escoge Misiones.
LAS IDEAS
Resulta muy difícil separar la pasión científica de las ideas políticas
en el caso de Bertoni, no sólo porque, como se dijo, ambos campos ocupaban idéntico
espacio en sus intereses, sino porque estos dominios se realimentaban uno al
otro, tal como ocurría con Kropotkin, quien fue el gran modelo del entonces
joven naturalista suizo por varios motivos. Al igual que Kropotkin había
dedicado gran parte de sus esfuerzos a realizar estudios geográficos, zoológicos,
y antropológicos.
Pero la cuestión de filiación de las ideas políticas de Bertoni queda
absolutamente clara en la carta que dirige el 14 de febrero de 1882 a su esposa
Eugenia Rossetti, quien se encontraba en Zürich, comunicándole su decisión de
emprender el largo viaje a Misiones:
<<El dado está echado y nosotros partiremos... Sí, querida Eugenia;
nosotros partiremos hacia una supuesta patria; desdeñaremos una sociedad sifilítica
que sólo las bombas sabrán curar; una sociedad que desde el lecho en el que
yace putañeramente se burla de nuestra "superstición" humanitaria, y
que ofrece su inmundo pan al precio del embrutecimiento. ¡No, por Dios!, la
naturaleza no nos ha dado una conciencia superior para embrutecerla en aquel océano
de basura que desfachatadamente se llama la sociedad moderna.>>
Todo el repertorio del vocabulario anarquista está presente en este párrafo,
marcando el desprecio por una sociedad a la que consideraba sólo transformable
a través de una violencia terapéutica. Hay que mencionar que entonces, al
igual que en toda Europa, una gran tensión política recorría los cantones
suizos, y que de alguna manera, Bertoni ya vislumbra el futuro que le espera al
viejo continente, cuando dice, en la misma carta: <<por otra parte, un
día, mejor un terrible día, uno de aquellos que Europa va continuamente
preparando, estallará la guerra y todos los bienes serán destruidos y todos
los hijos masacrados como vil carne sobre el campo del ... deshonor, muertos por
los hermanos que son forzados a matar.-¡Ah, no hay más horrible muerte que la
de aquel que cae por una causa de la cual comprende toda la ignominia - la de
quien es constreñido a morir fusilado o a empuñar un arma contra su semejante,
sin otra culpa que la de ser un puro esclavo de una infamia que se supone deber
- a quien, en fin, el comando impondrá por fuerza sofocar en sangre a sus
amigos que combaten por sus ideas, para la salvación de la humanidad!>>
Hay aquí también, sin duda, un rechazo por la institución militar y sus
emblemas: patria, honor, deber, - Bertoni había hecho el servicio militar en
1877, cinco años antes -, y por si quedara alguna duda, un contundente pasaje
de la carta a Eugenia expresa a todas luces la fe socialista que profesaba su
autor, y que lo impulsaba a emprender el viaje: <<Con todo, ¿qué otra
cosa es el patriotismo sino un egoísmo, por más grande que sea, siempre a
favor de una pequeña parte de la humanidad? Para un socialista, ¿qué otra
verdadera patria puede existir fuera de la Tierra, qué otro patriotismo fuera
de aquel que abraza a la humanidad entera?>>, se pregunta.
EL VIAJE
Como se ve, son varias las razones que impulsan a Moisés Bertoni a encarar
su empresa en tierras misioneras: el rechazo de todo lo que representa la
sociedad europea, un fuerte interés por la ciencia natural, y también una
situación económica agobiante, que le impedía sostener adecuadamente - y sin
resignar sus ideales - a su ya por entonces numerosa familia. Lo expresa casi
brutalmente, en otros dos párrafos de la carta antes citada a su esposa:
<< Si fuese yo solo, no dudaría en lanzarme a la línea más avanzada
de la generosa legión que en la lucha materialmente activa todo sacrifica a la
humanidad y a la revolución social. Oh, entonces no habría ninguna dificultad
para mí. No pudiendo hacerlo, es mi deber combatir a través de la gran obra
>>, y más adelante: << tu comprenderás que fuera de la bomba, hay
solo dos posibles caminos: la pluma y el ejemplo. La pluma me conduciría a la
ruina económica y a comprometer el porvenir de aquellos seres de los cuales
somos responsables, y siendo el ejemplo aquí imposible, mi deber me impone
partir. >>
Podría llegar a leerse, en estas afirmaciones, un cierto matiz de rechazo de la
vía violenta para el cambio social (en lo cual también hay una marca
Kropotkiniana), por lo menos como camino personal, y la convicción de que el
escenario de la utopía socialista puede tener lugar en América, y más
exactamente en Misiones.
Desafortunadamente, sus peripecias aquí no lo alejarán demasiado de aquello
que lo hizo huir de Europa: al llegar a la Argentina, a fines de marzo de 1884,
es recibido por el entonces presidente, el general Julio A. Roca, de quien
evidentemente, Bertoni ignora su reciente campaña de exterminio contra los
indios patagónicos. Por cierto, también Roca desconoce quién es su
interlocutor, y se entusiasma con la aventura colonizadora que intenta Bertoni.
Así lo recomienda a su hermano, el coronel Rudecindo Roca, entonces gobernador
del territorio de Misiones, y le asigna tierras cerca de Santa Ana. Pero la
llegada de Bertoni y sus colonos suizos - tras un azaroso viaje lleno de
peligros - no cae en gracia a varios lugareños, algunos vinculados al poder,
quienes ven frustrados ciertos negocios que planeaban justamente con esas
tierras. Su casa, familia y acompañantes terminan soportando un sitio a tiro
limpio, y a duras penas logra huir al Paraguay.
Allí, abandonado por casi todos sus compañeros del principio, ya desaparece la
primitiva idea de la colonia utópica, y la ciencia gana terreno en su espíritu
y actividades, <<...en medio de esa naturaleza que es mi religión y mi
vida...>>, como había escrito alguna vez.
En su puerto Bertoni, en pleno Alto Paraná, comienzan los años de fascinación
e investigación sobre la flora, la fauna y los hombres.
Es que allí se inicia su largo contacto con los guaraníes. En ellos encuentra
el reflejo de su pensamiento sobre la civilización, que para Bertoni <<
consiste en el desarrollo de la agricultura como base de la vida material, de la
moral como base de la vida psíquica, de las artes como goce y relación, y de
la libertad y democracia como medios de dignificación individual y
colectiva.>>
SALVAJES CIVILIZADOS
El deslumbramiento de Moisés Bertoni por la cultura guaraní, y sobre todo
por lo que hace a su organización sociopolítica es comprensible. Cerrados
todos los caminos para la concreción de su proyecto inicial, su irrenunciable
humanismo que tomaba como herramientas de cambio las ideas anarquistas, encontró
refugio en los estudios etnográficos de una cultura Otra, que en su diferencia,
no podía sino parecerle perfecta y admirable.
En esto no hacía más que seguir las huellas de Rousseau, y el tópico
iluminista del <<buen salvaje>>, pero es justamente aquí donde su
costado científico produce la síntesis que le permite superar la elucubración
meramente teórica, y acortar la distancia de su condición, dándose la
posibilidad de convivir y conocer de cerca esa utopía real y concreta que
representaba para ojos europeos, el grupo étnico más extendido de esta parte
del continente, y restaurar la condición humana que los aborígenes no poseían
para casi nadie en ese entonces en Latinoamérica.
Hay una suerte de oxímoron ideológico en el título de su obra dedicada a los
aborígenes de la región: <<Civilización Guaraní >>cambiando el
termino usual de la época, los <<salvajes>>, por aquel sólo
reservado a Europa y a aquellas culturas en las que Europa vio una concepción
del Estado similar a la suya (Egipto, Mayas, Incas, etcétera).
Su punto de vista, sin embargo, no es un anacronismo. Hace algunas décadas, uno
de los más destacados antropólogos franceses, Pierre Clastres, basó toda una
teoría sobre el surgimiento del poder y el estado, en el análisis de lo que
antiguamente se denominaban <<sociedades primitivas>>, y más
exactamente de la cultura guaraní. Clastres - un protagonista del mayo francés
- realizó trabajos de campo con los Guayakí del Paraguay, una etnia
considerada protoguaraní. En base a esto escribió: en la sociedad primitiva no
hay órgano de poder separado porque el poder no está separado de la sociedad,
porque es ella quien lo detenta como totalidad, con vistas a mantener su ser
indiviso, de conjurar la aparición en su seno de la desigualdad entre señores
y sujetos, entre el jefe y la tribu.>> Bertoni, por su parte, consignó
sobre los guaraníes: << Su constitución política era la democracia
pura. El gobierno era del pueblo. El indio guaraní no cede su independencia ni
como ciudadano ni como miembro de la tribu a ninguno y menos aún a la
autoridad. Reconocía al cacique, estimaba al anciano, respetaba al abaré, pero
no se consideraba nunca ni inferior ni sujeto a ninguno de estos.>> Como
se ve, Clastres y Bertoni observaron lo mismo. Sólo que el segundo lo hizo
sesenta o setenta años antes.
El pasado quince de junio se cumplieron 142 años del nacimiento de Moisés
Bertoni. Un aniversario a partir del cual es menester que se otorgue a su figura
la verdadera dimensión que tuvo, más allá de estereotipos de cualquier índole,
tal vez recordando que fue, por sobre todas las cosas un humanista en el
orgulloso y altruista sentido que esa palabra adquirió luego de 1789, una fe
que aún hoy quizás pueda arrojar alguna luz de esperanza sobre el vapuleado
concepto de género humano.
Este artículo fue escrito por Francisco Alí-Brouchoud y publicado en el
Diario El Territorio el día 23 de mayo de 1999 en el suplemento SED.
Bibliografía:
Schrembs, Peter. Mosè Bertoni. Profilo di una vita tra scienza e anarchia.
Edizioni La Baronata, Carrara, Suiza,1986.
Bertoni Jesús Elías, y Peche de Bertoni, María Alida. El vigía de
la selva, impresiones Copilandia, Posadas, 1984.
Clastres, Pierre. Investigaciones en antropología política. Gedisa,
Barcelona, 1981.
FRANCISCO ALÍ-BROUCHOUD
Escritor, artista plástico y periodista, nació en Posadas en 1964, donde
realizó estudios de letras y genética en la UNAM. Trabajó como periodista en
medios locales y nacionales. Actualmente es Editor de suplementos del diario El
Territorio de Posadas.
Obras publicadas: La circunfeérica (novela), Editorial Universitaria,
Posadas, 1993.