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ICE |
INSTITUTO DE
CAPACITACIÓN
ECONÓMICA
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DESOBEDIENCIA FISCAL
UN ASUNTO CANDENTE
La desobediencia fiscal es el derecho fundamental de todo pueblo que,
esforzándose para vivir de su trabajo, es castigado por una
pésima legislación
- Al filo del 190 aniversario de la Revolución de Mayo y al pie
del histórico Cabildo, justo en el lugar donde se firmó el
acta declarando nuestra voluntad de liberarnos del monopolio y voracidad
fiscal de la Corona española, como respuesta a la presión
social causada por las insensatas medidas fiscales del gobierno actual,
frente a miles de trabajadores de ese mismo pueblo, ante el asombro de
quienes no alcanzan a comprender la fuerza constructiva de esa
declaración, el dirigente camionero Hugo Moyano reivindicó
el derecho natural de un pueblo de hombres libres a desobedecer las
leyes inmorales que expolian a los que trabajan, invierten, producen y
consumen.
- Las leyes a cuya desobediencia se convocaría son las que
comenzaron a dictarse en 1930 por la dictadura que derrocó al
Presidente Irigoyen. Fueron las leyes responsables de haber parado en
seco al rutilante progreso argentino. Son las mismas que bajo distintos
nombres siguen vigentes hasta la fecha. Estas leyes son inmorales y
contrarias a la Constitución Nacional porque castigan al que
trabaja, invierte, produce y consume.
- Las leyes de impuestos vigentes violan todos y cada unos de los
derechos y garantías de la Constitución. Han
sumido en un caos financiero al Estado Nacional, han privado de vida
propia a todas las provincias, han paralizado el proceso de poblamiento
de nuestro desierto territorio, han provocado y siguen provocando la
crónica ruina de la economía nacional.
- Por causa de esa leyes el país argentino languidece como si
sobre él pesara una maldición bíblica. Las
etapas, tantas veces repetidas de inflación-euforia-momentánea
depresión-recesión siguen sin solución de
continuidad. ¿Se puede tener el tupé de decir que
comete un delito quien convoca al pueblo contra leyes que conducen a
la disolución de la patria?
- Los que tienen el poder que les viene del pueblo, siempre tienen el
mandato implícito de modificar leyes ruinosas para el pueblo que
gobiernan. Sin en lugar de avanzar en esa dirección,
obcecadamente insisten en mantener su vigencia, incluso
agravándolas en sus efectos, se convierten en los responsables de
los disturbios que se pueden producir cada vez que el pueblo se ve
obligado a movilizarse para recuperar sus naturales derechos
conculcados. El derecho a trabajar y a gozar del pleno fruto del
trabajo, el es más natural de los derechos. Contra ese derecho
está el sistema fiscal actual.
-
Nadie puede ignorar el relevante papel del Estado para un buen orden
social. Menos aún se puede ignorar que ningún Estado
puede funcionar sin dinero. Esto está fuera de cuestión.
Solo aquellos que ignoran cuál es la natural fuente de recursos
para solventar el gasto público, o sólo quienes
prefieren hacer prevalecer sus privilegios sobre el bienestar general
-- como ocurrió en los años 1930 -- pueden
presentar a la declaración del gremialista Hugo Moyano como una
absurda propuesta. Lo que la declaración hace es poner sobre el tapete
esta decisiva cuestión: ¿De dónde deben
fluir los recursos para el erario y quiénes son los que deben
aportarlos de modo que se aliente la producción y el consumo?
- La correcta respuesta, inspirados en la doctrina de Manuel Belgrano,
ya la dieron en Argentina, entre otros, Nicolás Avellaneda
(Estudios sobre las leyes de tierras públicas), y Roque
Sáenz Peña (Proyecto de Reforma impositiva para la ciudad
de Buenos Aires, 1914) y en el exterior, Henry George (Progreso
y Pobreza). Estos pensamiento inspiran los sistemas de recursos
para el Estado que rigen en Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Dinamarca,
y muchos de las ciudades y estados de los EE. UU. La idea es sencilla:
todo el mundo tiene derecho a usar la tierra que necesite, en el campo o
en la ciudad. Pero ella no es bien de renta sino instrumento de trabajo.
Todo aquel que goce de ese derecho debe pagar un tanto por ciento de su
valor real.
- Digamos, a modo de ejemplo, que el Centro de Estudios Bonaerenses
(Clarín Económico, 28/05/2000, pág.; 44)
acaba de informar que la superficie de la Capital, sin considerar las
mejoras, vale 111.477 millones de dólares. Se puede
estimar, en grueso, que más de la mitad está en comercio,
ocupada por particulares. Esa mitad costaría según
esa cifra unos 55.800 millones. Si se recaudara un porcentaje
anual del 5%, se obtendría más de lo que necesita el
presupuesto porteño: 2.786 millones. Lo que se paga
por este concepto no es impuesto: es la cuota debida por el uso
del suelo. Este sistema obliga a eliminar los impuestos por
un monto equivalente, o sea los actuales castigos que caen sobre el
trabajo, el comercio, la industria, la construcción y el consumo.
Al Estado nada le faltaría y el "boom" económico
sería inevitable.
- El ICE ha estudiado el pésimo sistema de recursos que
ahora rige y viene estudiando su eliminación para sustituirlo por
otro que no sea vejatorio de la producción y el consumo.
Por el contrario que aliente ambas actividades que son el alma de la
economía y la base del bienestar del pueblo. Desde esta
perspectiva aplaude la valiente declaración del gremialista Hugo
Moyano e insta a toda la ciudadanía a interiorizarse en este tema
por ser crucial para el destino de la Argentina.
Buenos Aires, junio 1º de 2000
Héctor Raúl Sandler / Director / ICE
Esta página fué incorporada el 02/Jun/2000
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