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INSTITUTO DE CAPACITACIÓN ECONÓMICA |
El presidente de Caritas, monseñor Jorge Casaretto formuló un llamado de atención sobre el elevado incremento de los niveles de pobreza en nuestro país, a la vez que denunció que la pobreza extrema real supera las cifras oficiales dadas por el gobierno.
"Hace dos años la pobreza en la Argentina era un problema de bolsones de pobreza. Hoy es problema estructural de fondo".
A su juicio las cifras superan la capacidad de respuesta, pues son necesarias soluciones mas complejas. Sugirió:
"Buscar respuestas distintas que puedan ser signos de caminos para salir hoy de estos problemas tan serios de exclusión".
Agregó:
"Las respuestas a la pobreza deben ser integrales en lo social y lo educativo pues se trata de un problema endémico con pobres sin esperanzas, es decir que nacen en la pobreza y no atisban salir de ella".
A su juicio:
"el Estado debe ser el coordinador entre todas las organizaciones para dar una respuesta mucho más eficiente".
Aunque no tenemos todo el texto del discurso pronunciado en la Asamblea anual de Caritas, ni el texto de otras disertaciones, no creemos equivocarnos si de lo transcripto se sacan las siguientes conclusiones:
Hasta aquí lo que surge explícitamente de la noticia. Pero el lector puede hacer algunas observaciones suplementarias, igual o más importantes que las transcriptas:
Bajo el lacónico título CUBA, el acreditado estudioso Natalio R. Botana, comenta el voto emitido por la delegación argentina condenando a Cuba en las Naciones Unidas. El voto produjo choques entre los líderes de la Alianza, partido en el gobierno. Dice Botana:
"Si se hubiese tratado de la condena a una dictadura de derecha, las dudas se habrían disipado rápidamente. Pero con Cuba siempre permanece latente un residuo ideológico que invita a ser más tolerantes con políticas inaceptables en el terreno de las libertades públicas o, por lo menos, a mirar al costado. ¿Por qué este fascinante fenómeno de arrastre?"
El "resabio ideológico" proviene de que la revolución cubana de 1959, más allá de la dirección que Castro le imprimiera más tarde, fue popular y acompañada por la mayoría de la clase trabajadora, incluyendo en esta expresión tanto asalariados como productores de clase media. Arrancó como revolución social multiclasista contra el privilegio y la injusticia. Las "libertades públicas" tienden pasar a un segundo plano cuando se trata de elegir entre ellas y el derecho a vivir mediante el trabajo. Juan Bautista Alberdi incluso llegó a hacer de esta preferencia una doctrina política.
"Por fortuna la libertad económica no es la libertad política Ejercer la libertad económica es trabajar, adquirir, enajenar bienes privados: Luego todo el mundo es apto pare ella, sea cual fuere el sistema de gobierno. Usar de la libertad política, es tomar parte en el gobierno, gobernar, aunque no sea más que por el sufragio, requiere educación, cuando no ciencia, en el manejo de la cosa pública" (Sistema Rentístico para la Confederación Argentina, Introducción).
Hoy esta opinión puede ser vista con ojeriza desde el ideal democrático; pero refleja la importancia que para la vida tiene el gozar de un efectivo derecho al trabajo para ganarse el pan.
Botana tras explicar la simbiótica relación existente entre EE. UU. y Cuba por causa del bloqueo encuentra aceptable las líneas de la estrategia asumida por el gobierno argentino. Sin embargo cierra su nota con una sorprendente advertencia que, sin proponérselo, va de la mano con la declaración de monseñor Casaretto:
"Son puntos razonables que, sin embargo, no debieran pasar por alto un hecho ejemplificador: Mientras las condiciones de desigualdad persistan en nuestras sociedades, el sueño cubano de un rígido y dogmático orden totalitario, por más desfigurado y descarado que se presente, seguirá ejerciendo alguna atracción. Cuando la miseria cunde, la violencia aumenta y la política pluralista se corrompe, puede crecer paralelamente, al ritmo de golpes y desilusiones, la tentación de imponer la igualdad a expensas de la libertad. Esta amenaza no es hoy tan inminente como hace treinta años; pero las democracias no debieran arriar su vocación reformista. No vaya a ser que la realidad de las desigualdades termine engendrando nuevos monstruos".
La democracia es algo muy valioso. Sin embargo, si se la valoriza en serio, es deber del gobierno eliminar las causas de la pobreza crónica y extrema. Se requiere establecer, mediante la ley jurídica, un orden económico que dé sentido a la democracia. Desde luego que esto requiere: "voluntad política"; pero esta voluntad es inútil, cuando no perniciosa, si no está iluminada por un conocimiento verdadero. No basta con describir la lamentable y dolorosa realidad que aparece ante nosotros. No basta con acumular autoridad con incremento del consenso. Es necesario conocer las raíces de esta realidad si se pretende cambiarla de modo que la prosperidad de todos y cada uno sustente a la democracia.
Todos los que se han enterado de la terrible tragedia sufrida por el abogado Rodolfo Noriega, una de cuyas hijas recibiera balazo en su cabeza, en el tiroteo que mantuviera su padre contra los que asaltaban a su mujer y robaban su auto, un Ford K, han seguido la crónica periodística posterior dando cuenta de la investigación judicial para encontrar a los delincuentes. Por ella se informa que la policía, por orden del fiscal actuante, habría detenido a los presuntos asaltantes, al parecer dos ex presidiarios. Pero al mismo tiempo, por la pluma del periodista, aparece importante información sobre el modo de vivir de millones de argentinos. En cuatro líneas el autor de la nota, al describir "el barrio" donde fueron detenidos Daniel Enrique Gramajo (20) y Juan Silveyro Viva (27), lleva a cabo una verdadera biopsia social:
"Decenas de terrenos baldíos, que limitan con calles de tierra, donde se alinean casillas de madera forman la villa Los Papelitos, en José C. Paz Allí el paisaje es desolador. La gente se oculta en las casas y los perros vagabundos son el único signo de vida en esos terrenos ralos".
Quien no se pregunte y responda con seriedad y a fondo el interrogante que nos presenta la presencia de esas "villas", no resolverá jamás el problema de la pobreza. Su presencia entraña para la gente culta, los políticos y los dirigentes sociales, el mismo interrogante de la mitológica Esfinge: si seguimos dando como hasta hoy equivocadas respuestas corremos el peligro de perecer como nación civilizada.
El problema lejos está de ser novedoso. La descripción de Los Papelitos calza, punto por punto, con otras descripciones de la Argentina a lo largo del siglo:
"Los barrios obreros están formados por casas miserables Esas casuchas se llaman en la Argentina 'conventillos' y son vastos patios descubiertos donde se abre una serie de tugurios obscuros y sin aire que son las habitaciones"
escribió en 1909 el francés Huret. Pero no eran éstos los peores lugares para la gente de trabajo.
"El barrio de San Cristóbal, llamado barrio de las Ranas es un vestigio persistente del Buenos Aires de antaño La arquitectura de sus viviendas puede jactarse por su originalidad, 'el estilo lata de petróleo'. No se ven allí más que casas construidas con hojalata Estos palacios y casuchas están habitadas por negros, mestizos, europeos e indígenas población compuesta de rufianes y prostitutas, de truhanes y libertarios Alrededor se levantan montañas de inmundicias o basuras que los carros van a vaciar allí incesantemente" (Jules Huret, De Buenos Aires al Gran Chaco).
Han pasado casi cien años y el fenómeno se repite. En Buenos Aires al principio y ahora en las principales ciudades capitales de provincia. Han pasado más de ciento treinta años y sigue pendiente el programa de gobierno que proclamara el electo presidente Sarmiento en 1864 en Chivilcoy, cuando todos pronosticaban que al fin del siglo XX la Argentina tendría una población de 100 millones de habitantes. El "Chivilcoy programa" era el cumplimiento de lo que manda la Constitución: poblar al país mediante colonos amantes de la tierra y del trabajo. ¿Quién duda que ese enérgico proceso de colonización abrió paso a millones de familias constituyentes de la principal cepa humana de la Argentina de hoy? ¿No vemos que tras estancarse a comienzos del siglo XX, ese proceso se truncó antes de tiempo y cuando millones de seres en el mundo y en la Argentina claman por un trozo de tierra prometida? ¿Qué freno terrible lo paralizó cuando aún el 90 por ciento del territorio argentino permanecía despoblado en absoluto? ¿Qué instituciones hicieron que un país dotado por la naturaleza y preparado por su Constitución para recibir a todos los hombres del mundo que quisieran habitar su suelo, se transformara en otro que, sin cesar, expulsa a sus hijos, hacia fuera y hacia dentro? Quien no vea en esto nuestro principal escollo para prosperar, no sea capaz de plantearlo en verdaderos términos científicos, no está en condiciones de solucionarlo.
Cuando una persona cultivada en la docencia, ejerce un puesto directivo en uno de los más distinguidos institutos de educación de la ciudad de Buenos Aires, como lo es la Escuela Argentina Modelo, escribe un editorial en un diario como La Nación, contribuye fuertemente a formar el "estado de conocimiento colectivo". Por eso vale la pena, en vista a los problemas que venimos exponiendo detenerse un momento a reflexionar sobre cómo se da razón de la reaparición del vandalismo.
"La Argentina es una Nación que hablando en términos sarmientinos no ha salido aún de la barbarie"
Según el mismo pensador:
"Somos un pueblo que no tiene una actitud de clara convivencia social, tal vez porque se trata de una comunidad que lo demuestra a diario privilegia el interés personal, por sobre el general".
Para confirmar sus dichos apela a una especie de prueba histórica, de dudoso valor, pero ampliamente compartida por diversos estratos y grupos de nuestra sociedad:
"Tan lejos como nos remontemos en nuestra historia patria, comprobamos que este ha sido uno de nuestros sellos característicos. Nadie desconoce que no pocos de los primeros habitantes del Río de la Plata eran contrabandistas. A ellos se sumaron, siglos después, los inmigrantes que llegaron a estas tierras 'a hacer la América', frase que por si misma describe el interés de un destino individual antes que social".
Aunque, como dijimos, compartidos en las mesas de café, e incluso en las aulas, son argumentos que descalifican personas, conductas y hechos, que desde una perspectiva más profundamente moral deben ser objeto de alabanza. ¿Acaso la revolución de Mayo no tuvo como uno de sus objetos principales la libertad de comercio contra la monopólica y reglamentarista acción del Estado español de entonces? ¿Acaso nuestra unidad nacional no se logró eliminando, luego de prolongadas luchas, todas las aduanas interiores, para pasar a ser este principio de orden la libertad de comercio un fundamento constitucional? ¿Acaso no se brega hoy por el MERCOSUR, cuya meta lejana, su ideal constituyente, es alcanzar la libertad de importación y exportación entre los países? ¿Acaso no se jactan de haber logrado el libre comercio entre sí los integrantes de la Comunidad Europea?
Todos estos logros de ayer, objetivos de hoy y metas del futuro son acciones dirigidas a poner fin a las barreras políticas que han levantado los gobiernos desde los orígenes de la humanidad. Barreras aduaneras que siempre han beneficiado a unos pocos y perjudicado a todos los demás, aunque se hayan esgrimidos razonables argumentos circunstanciales.
Ver las cosas de este modo, que es el de la lucha por la libertad, ilumina mejor el papel de los "contrabandistas". Menos que delincuentes que sólo lo son a la luz de leyes que protegen a unos en desmedro de otros la mayoría de ellos, en cuanto no dañen otros bienes y derechos humanos, más bien fueron adelantados en la causa del libre tránsito de mercaderías, cosa que beneficia a toda la humanidad. Todo aquél que considera odiosa alguna restricción a su libertad de adquirir, comerciar y consumir bienes producidos por otros hombres, es un contrabandista en potencia. Cuando esas restricciones a la libertad económica han sido impuestas por gobiernos codiciosos y despilfarradores o para favorecer privilegios contrarios a la igualdad, los "contrabandistas" han sido los portadores del impulso que ha llevado a la libertad civil de los pueblos. Así vistas las cosas, no son tan malos los orígenes de nuestra patria.
En cuanto a los inmigrantes, por cierto que vinieron a hacer la América, a la que, gracias a Dios y a hombres como Sarmiento, para citar a quien invoca el Dr. Biedma, la hicieron. El director de la Escuela Argentina Modelo parece no reparar en que la persecución del interés particular es la mejor vía para concretar el interés social. Claro está, si el orden jurídico lo permite. Dos almas gemelas anidan en el pecho humano: el egoísmo y el altruismo. De ambos necesita la asociación humana. Grandes pensadores coinciden en esto y algunos han sabido descubrir las virtudes sociales de la iniciativa individual (desde Adam Smith hasta Luwdig von Mises, por ejemplo). Pero en cuanto se establece por ley humana que unos sean amos y otros esclavos, aquel equilibrio de impulsos se rompe, y en sociedad tan mal ordenada por un pseudo derecho, en todos en amos y esclavos se desarrollan bajos impulsos codiciosos y egoístas que el altruismo remanente en algunos pocos es incapaz de contener.
De modo que haber nacido a la vida como nación independiente al calor del entusiasmo de contrabandistas y gente esperanzada en poder vivir de su trabajo, es un sano punto de partida para constituir una sociedad de hombres libres que viven en un pie de igualdad.
Nuestra cepa nacional contiene, sin duda, un entrañable amor a la libertad, como se lee en la literatura vernácula: el gaucho Martín Fierro prefiere padecer en la vasta pampa desolada antes que someterse a jueces mandones sin más autoridad que el sable de los milicos. La tantas veces mal entendida rebeldía criolla es menos fruto de la barbarie que de la voluntad firme a no dejarse arrear por déspotas y mandones. Y esta predisposición es energía indispensable si deseamos constituir una sociedad de hombres libres, aptos para hacerla progresar mediante su permanente libre iniciativa. Sin embargo, esto es verdad, se convierte en un veneno que arruina la convivencia social si por leyes dictadas por los hombres se crea la desigualdad de oportunidades para ganarse el pan.
El director Biedma cree encontrar otra causa de nuestro estado de barbarie en el hecho indiscutible de que
"no se ve aquí el respeto sagrado a la ley, sino, por el contrario, que todo el tiempo se la vulnera o se la exceptúa, por sentimentalismo, por demagogia o por acomodo".
Y tiene razón. Pero si queremos acabar con este desprecio por la ley, hay calar más hondo y preguntarse: ¿Existe alguna diferencia de calidad entre, por ejemplo, "la ley" contenida en los sagrados mandamientos y las "leyes" contenidas en el Boletín Oficial? El pensamiento positivista y materialista contemporáneo, dominante en el ámbito de las ciencias jurídicas (y las demás ciencias sociales), es impotente para encontrar alguna diferencia, salvo en lo formal, y en este caso, cuando la encuentra, es en ventaja de la aparecida en el Boletín Oficial. Así, de arranque en soberbia actitud positivista, el art. 17 del Código Civil, descalifica los usos y costumbres de la gente si la ley dictada por el gobierno no los reconoce, pasando por alto que en el Preámbulo de la Constitución, máxima ley positiva, se declara a "Dios fuente de toda razón y justicia", lo cual se dice que la ley de los hombres debe pasar por algún tamiz más que el mero procedimiento.
Son los hombres cultos quienes explican a la gente común que solo puede tenerse por ley lo que hombres con poder político desde los legisladores a presidentes, ministros, secretarios de Estado, directores de reparticiones hasta el oficinista que atiende el despacho deciden, con tal que cumplan con la formalidad de procedimiento; aunque lo decidido sea un soberano disparate. ¿Puede sostenerse seriamente que leyes como las que crearon el impuesto al valor agregado (IVA) y las que luego elevaron su tasa del 15% al 21% del precio de venta al público, tratándose de mercaderías, y al 27% cuando se adquiere electricidad o habla por teléfono, merecen el sagrado respeto de los contribuyentes? ¿Puede afirmarse en serio que merece respeto sacro la ley que dictada con el fin de pagar un miserable aumento a los maestros, dispone que lo aporten el dinero necesario los propietarios de automotores? Las conmociones sociales producidas y la recesión que está a la vista ponen en evidencia el grado de torpeza de esas leyes.
Las leyes de impuestos vigentes, sin excepción, son la primordial fuente de corrupción en nuestra sociedad. Es así porque carecen de todo fundamento moral, como no sea el superficial principio, siempre argüido, que el Estado necesita dinero. No hace falta ser graduado universitario para saber eso. Pero si a esa "necesidad" se toma como principio moral, habría que excusar a la mayoría de los ladrones y estafadores. Pocos roban y estafan por deporte o impulso genético. Por otra parte las leyes de impuestos vigentes perjudican a la actividad económica, fuente del bienestar material de la gente. Todas castigan al trabajo, la inversión, la producción, el comercio y el consumo. Todas contradicen los principios de orden establecidos por los arts. 14, 16, 17, 18 y 19 de la Constitución.
Lo más grave es que esas inmorales y perjudiciales leyes constituyen el sostén material del poder de los gobiernos. Esto significa que desde la cúspide del orden político se atenta mediante el sacro instrumento de la ley contra la salud pública, de la sociedad y la particular de sus habitantes. ¿Cómo se puede aguardar que en el corazón de hombres amantes de la libertad y el trabajo nazca un sentimiento de respeto a la ley, si las que más lo afectan atentan contra su vida y modo de vivir?
Por último, tiene razón Biedma cuando afirma que
"la familia es la responsable de la formación humana del individuo y la escuela su prolongación y apoyo".
Pensamiento igual sostienen, en la misma edición de La Nación, el académico Alfredo Van Gelderen y el rector del Colegio Nacional de Buenos Aires, doctor Horacio Sanguinetti. Dice este último:
"Lo que no se mama en la casa, es muy difícil aprenderlo solamente en las aulas".
¿Pero de que tipo de familia hablan estas honorables personas? ¿De las que viven como en la villa Los Papelitos? Y téngase por seguro que, comparativamente, la pobre gente de esa villas (su población se calcula en millones), a pesar de su precario hábitat, pueden forman mejor sus familias que los que se ven obligados a vivir en "casas ocupadas". Se estima en alrededor de 150.000 los "okupas" solo en la Ciudad de Buenos Aires. Y estos castigados seres humanos están aún mejor que los que tienen a la calle por única familia. Me refiero a los "homeless", gente sin ninguna vivienda; decenas de miles de ancianos, mayores y niños, que deambulan por las calles, se lavan en las plazas, defecan en los bares y pernoctan en umbrales bajo cajas de cartón. Como los gobiernos, que no dudan en gastar para su auto publicidad, no hacen el censo que manda la Constitución, no sabemos cuánto suma el total de desamparados. Se dice que faltan 2 o 3 millones de viviendas con calidad para que ellas puedan llamarse "hogar para la familia". A cuatro o cinco personas por familia, sáquese la cuenta de los "carenciados" de escuela familiar: casi la mitad del país.
Como estamos hablando de la barbarie argentina de la cual la terrorífica violencia diaria da cuenta conviene transcribir estas palabras de un gran pensador norteamericano:
"¿De dónde vendrán los nuevos bárbaros? ¡Pasad por los barrios miserables de las grandes ciudades, y desde ahora podréis ver sus hordas amontonadas! ¿Cómo morirá la ciencia? ¡Los hombres dejarán de leer y con sus libros encenderán hogueras o los convertirán en cartuchos!" (Henry George, Progreso y Miseria, Libro X)
Es indiscutible que por su larga trayectoria docente y autor de numerosos libros dedicados a problemas sociales, como por su no menos prolongada actividad en la prensa escrita y televisada, el profesor Grondona es un indiscutido formador del "estado del conocimiento colectivo". De ahí que sea importante repasar algunas de sus opiniones con motivo de la reciente reforma de la ley laboral.
Para Grondona la ley laboral dictada, más que una reforma es un ajuste legislativo a los indomables hechos de la realidad.
"Las alternativas laborales en la Argentina en recesión eran inexorables: menos empleos más caros o más empleos más baratos. Mientras persista la recesión, la Argentina tendrá quizás más pero seguramente peores empleos"
Continúa Grondona:
"Desde el punto de vista económico el salario es un precio como cualquier otro: el precio del trabajo en relación de dependencia al igual que los demás precios de la economía sufre los efectos de la oferta y la demanda".
Estas ideas en parte verdaderas, en parte falsas predominan en todos los ambientes. Sin embargo con ellas es imposible juzgar una ley como la de reforma laboral, ni ninguna otra que afecte al orden económico. En ciencia económica es indispensable conservar siempre en mente, a manera de profilaxis intelectual, los conceptos básicos acuñados por los fundadores de la ciencia económica, los fisiócratas. Éstos son a la economía lo que Euclides a la geometría.
Nuestra intención en esta parte es poner de manifiesto que para erradicar la pobreza endémica hay que sustituir un orden económico lánguido y decadente por otro que permita la prosperidad de todos y cada uno. Desde un punto de vista práctico es menos difícil de lo que se suele creer. La dificultad radica en el campo del pensamiento colectivo, incluyendo el de la gente ilustrada.
El núcleo del problema a resolver mediante la ley jurídica puede ser presentado en los siguientes grandes trazos:
A partir de estos principios se comprende que no hay ninguna ley natural de hierro de los salarios que ahorque a los trabajadores. Lo que hay son malas leyes positivas que al permitir la apropiación de la renta económica del suelo por parte de los particulares, causan que se dictan las peores leyes: las leyes de impuestos. El palo en la rueda, no sólo en la economía sino en toda la vida argentina.
Buenos Aires, Mayo 2 de 2000.
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