Reflexiones para un buen gobierno
Una semana violenta por un violento sistema
Esta semana ha sido pródiga en hechos sociales dignos de movilizar
la reflexión de los legisladores.
Tres hechos sociales, en apariencia independientes, ocurridos en nuestra
ciudad en una semana, invitan a reflexionar sobre una legislación
básica que podría ser, de manera remota o lejana, principal
causa de todos ellos. Se trata de los siguientes hechos:
- El revalúo de inmuebles en la Ciudad de Buenos Aires;
- El desalojo compulsivo de 500 personas de terrenos fiscales en el bajo
Flores y
- La celebración del triunfo de la selección argentina en la
Plaza de la República.
Para dar paso a la reflexión sostengo tres hipótesis de
trabajo:
- Que cada uno de los tres casos es un enfrentamiento entre el
gobierno y la sociedad civil y en dos de ellos hay una
actitud agresiva del Estado contra la gente.
- Que esa relación entre gobierno y sociedad revela un
estado de desorden social.
- Que el sistema de contribución inmobiliaria
vigente es causa principal de ese desorden social.
Permítaseme presentar los tres hechos en orden inverso a su
aparición.
- La celebración en el Obelisco: Miles de argentinos se reunieron
en todas las plazas del país; pero la reunión mayor fue en
la plaza de la República. La jornada tuvo tres momentos:
- Dos horas de dramática tensión de la gente codo a codo
enrolada en una "causa nacional";
- Media hora de júbilo después de la victoria de nuestra
selección y
- Cuatro horas de batalla campal entre gente común y las
fuerzas de seguridad. El hecho fue tan insólito como
inesperado.
No recibió explicación inmediata de los medios de
prensa.
Los que estaban en el lugar trataban de eludir la pedrea.
Los que hablaban en la pantalla de TV solo atinaban a lamentar
la presencia de "los violentos de siempre", dedicados a
"empañar" las fiestas de la "gente buena".
La prensa escrita repitió, al día siguiente, más
o menos lo mismo, llamando "vándalos" a los
"violentos de siempre".
No se trata de un hecho menor. El partido Argentina/Inglaterra
posibilitó ver (como en muchas otras ocasiones) el grado de
emoción que siente todo argentino por ser argentino.
Sentido de pertenencia y hermandad, fundamental para que
exista una nación.
Sin esta base no hay nación, ni patria, ni siquiera comunidad
social.
De ella nace la solidaridad vista durante las inundaciones.
Ahora bien: ¿Cómo explicar que treinta minutos
después, "hermanos tan unidos" libraran
salvajemente una batalla campal por más de cuatro horas?
Ignoramos el detalle del origen, pero está claro que la
gresca se propagó como el fuego sobre pasto seco.
Unos pocos empezaron, pero muchísimos se sumaron.
Igualmente quedó claro que la batalla se libró
entre gente de pueblo y policías del gobierno.
Fue un enfrentamiento violento entre gente común y la
autoridad policial.
Entre miembros de la sociedad civil y los representantes
del Estado político.
- El desalojo de 500 personas. Días antes de la
celebración, en otro escenario y por otros motivos, se enfrentaron
iguales actores sociales. En el amanecer del 29 de junio, unas 500 personas
ocuparon terrenos baldíos de la municipalidad.
Un solar de 90.000 m², abandonado, sucio, sin utilidad ni provecho
para nadie. Según el Defensor del Pueblo, escribano Cartagná,
presente en el procedimiento, la ocupación no respondió
a plan alguno. Así como la gente se reunió en el Obelisco,
sin plan se abalanzó sobre esas tierras yermas, como los
"hambrientos sobre una mesa suculenta", en palabras del
Defensor. ¿De donde provenían? De todas partes: de otras
villas, donde ya no caben, de conventillos y "hoteles", donde
los alquileres superan sus ingresos, de los umbrales y plazas.
"La Ciudad reconoce el derecho a una vivienda digna" y
"auspicia la incorporación de los inmuebles ociosos"
estauye la Constitución local (Art. 31). Pero el gobierno
mostró otra cara de la ley: "A las 16:50 el jefe de la
comisaría 38º les dio diez minutos a los ocupantes para que
dejaran libre el lugar. Muchos levantaron las maderas, los cartones y el
pedazo de nailon con el que habían levantado las precarias
construcciones. Pero otros se quedaron reunidos en grupos apretados,
decididos a resistir ... A las 17 una línea de agentes de Infantería
con escudos, palos y pistolas lanza gases hicieron una barrida del terreno.
Patearon las construcciones y arrancaron los postes que marcaban las
parcelas" y aunque sin excesiva violencia "se llevaron a
algunos arrastrándolos por el suelo y agarrados de los pelos"
(Clarín, jun/30/98, Pág. 40).
¿Cuántos de los 500 echados o sus hermanos estaban en el
Obelisco al día siguiente para vivir una emoción argentina?
¿Estaría entre ellos la chispa que encendió la
ocasional pradera?
- Revalúo inmobiliario. Según fuentes del
Gobierno porteño, hay solo un total de 61 amparos judiciales en
trámite sobre los 240.000 casos de vecinos morosos con el
avalúo inmobiliario. Asi presentada la cosa, la queja popular
no parece importante. Sin embargo es un hecho social de enorme magnitud.
En palabras del mismo "gobierno de la Ciudad de los 1.570.000
inmuebles empadronados, solamente 780.000 pagan impuestos,
habiéndose detectado 550.000 casos de cambios de
avalúos ... lo que representa más de 400 millones de
pesos de deuda a favor de la ciudad"(Clarín,
26/Jun/98, Pág. 49).
En favor del gobierno y en contra de la gente, de cuyos bolsillos sale
la plata.
Para colmo es una deuda dibujada retroactivamente,
de muy dudosa legitimidad, como lo sentenciaron varios jueces de
primera instancia. La gente común no está en condiciones
de pagar abogados y, a lo sumo, cuando puede, llena de angustia, hace
largas colas tratando de obtener un "plan de pagos".
Se trata de una franca ofensiva fiscal contra la gente.
En este caso propietaria de departamentos, casas y edificios.
Juan Manuel Pano (tributarista), Gabriel Gallego (constitucionalista)
e Iris Amazi (abogada de ADELCO), sostienen que la pretensión
es ilegal (La Prensa, 26/jun/98, Pág. 19).
Pero nada conmueve a los soldados de la ley del gobierno de la ciudad
cuando de cobrar se trata.
"Lo único que estamos haciendo es aplicar la ordenanza
fiscal de 1991" sostiene Oscar Sereno como único
argumento.
Entrevistado por el suscrito (01/Jul/98, Radio Latinoamericana) no pudo
dar ningún fundamento moral y económico en favor de esa
ordenanza. Ella vale solo por la fuerza. Se ha perdido el sentido
necesario para distinguir entre la ley y el derecho.
Sin ese sentido la ley puede ser aberrante.
Entonces la violencia germina en los corazones de la gente como
inevitable reacción por la violencia de la ley.
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Tres hechos independientes pero vinculados por rasgos en común:
la violencia que cada uno exhibe; una relación de fuerza del poder
político contra la gente y, finalmente, una secuencia, que
inversamente observada, permite conjeturar que esa beligerante
relación y el incremento de la violencia tienen origen, en gran
medida, en un absurdo sistema de contribución territorial.
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El aberrante sistema de contribución inmobiliaria.
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- La contribución inmobiliaria actual se calcula sobre la base
de dos valores ficticios: el valor del terreno y el valor de la
mejora construida sobre el predio. A esos valores arbitrarios se
los multiplica por un tanto por mil, también arbitrario,
y la suma de ambos productos es la deuda del contribuyente.
Ninguno de los dos valores es valor de mercado; pero, en todo
caso, al edificio se lo valora decenas de veces más que al
terreno.
Esto es más patente cuanto más nuevo y de mejor calidad
es el edificio, a resulta de lo cual, cuánto mejor y más
moderna sea la construcción, más pagará el
contribuyente.
Los "mandamientos" de este sistema dicen así:
"Construye y pagarás. Mejora lo viejo y pagarás.
Construye de mejor calidad y pagarás mucho más.
Echa abajo lo construido y pagarás menos.
No construyas nada y nada pagarás".
¿Si esto no es un castigo a la construcción, qué
cosa es?
- Tomar a lo construido como principal hecho imponible, obliga al
gobierno a espiar a los ciudadanos.
Cargar al propietario con la obligación de declarar las
mejoras, es obligarlo a meter la cabeza en la guillotina.
¿Cómo asombrarse que la mentira, la corrupción
y la evasión sean efectos naturales del sistema?
Dados estos inevitables efectos, el gobierno tiene que montar una
organización de espionaje que no respeta la relación
costos/beneficios.
Al adoptar el método declarativo se llega al disparate
de contratar empresas para fotografiar toda la ciudad, de alto costo
y pobre resultado.
- Los datos son "a ojito" (¿cómo fotografiar
el interior del edificio?). Esto explica que los contribuyentes sean
víctimas de cálculos disparatados.
El Dr. Peña, ex-funcionario de la DGI, lo denunció de
este modo:
"Todo esto es una aberración.
Una baulera que a lo sumo puede valer 3000 pesos ha sido tasada en
25.201 pesos" (Clarín, 01/07/98, Pág. 42).
Pero el emplazamiento a pagar no se detiene por ser aberrante.
- Lo peor es que el sistema alienta la especulación, provocando
mayor escasez de espacio y falso aumento del valor del suelo.
¿Cómo asombrarse entonces que junto a los baldíos,
casas tapiadas en lo mejor de la ciudad, haya miles de villas miserias,
cerca de 500.000 personas en conventillos y hospedajes y otros cientos
de miles durmiendo en umbrales? Ahí tiene el lector, a la
fábrica de "vándalos" que, insólitamente,
emergen en la ilustrada Reina del Plata.
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Frente a situación semejante no es poca la
responsabilidad de los legisladores porteños.
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Dr. Héctor Raúl Sandler, Director
Buenos Aires, julio 2 de 1998