Reflexiones para un buen gobierno
¿Argentina ante una situación límite?
No es nuestra intención dramatizar el estado actual de relaciones
existentes en nuestra sociedad y en el aparato del Estado. Sin embargo
quienes hemos vivido etapas incuestionablemente dramáticas, que
desatendidas o mal atendidas, se convirtieron en trágicas para
muchos, tenemos una especial sensibilidad para registrar hechos que pueden
conducir al país hacia una situación límite. Esto es,
una situación en la que los particulares y los responsables de las
instituciones públicas se sienten ganados por un cansancio
espiritual tan extremo, que bajan los brazos. Se sienten agobiados por
hechos moralmente reprochables y materialmente insufribles. Pero en
especial por la demoledora sensación de que la verdad - en todos
los terrenos - es algo inalcanzable. Cuando tal clima impera, gobernantes
y gobernados tienden a rendirse a la incontrolable fuerza de las cosas,
con la falsa esperanza que ella cambie la situación y que tras este
cambio se solucionen, como por arte de magia, la miríada de
problemas individuales y colectivos. "Cuando todas la ranas croan, se les
tira un palo y lo declaran rey", enseñaba el viejo Esopo.
En dos áreas de la realidad social sobresalen indicadores de
nuestro rodar hacia una situación límite: el estado de la
moral social y la situación económica (en este caso, tanto
la del Estado y como la de millones individuos). Respecto de la
situación moral, basta con mencionar la creciente corrupción
- real o mediática - y la falta absoluta de una punición
jurídica que refuerce la confianza en el orden institucional.
Esta realidad se puede leer en los resultados de un reciente sondeo de
opinión (Clarín, jun.8/98, p.5). La opinión
pública tiene un pobrísima imagen de los legisladores, de
los partidos políticos, del poder judicial, de las fuerzas armadas,
los dirigentes políticos y sociales, de la policía y de
muchas otras agencias o poderes del Estado. ¿Qué firmeza
puede tener una democracia cuando su base - la gente - tiene tan pobre
opinión de instituciones que son esenciales para que ella exista
y funcione como un orden de vida real? Las elecciones mismas dejan de
ser su nervio para convertirse en un acto ritual para unos y en un
negocio para otros.
En la situación ecónomica hay, al menos, dos señales
alarmantes. Una, la masa critica de pobres por debajo de la llamada
línea de pobreza. La Iglesia acaba de prevenir sobre el peligro de
este hecho, considerándolo fuente de violencia incontrolable
(Clarín, Jun. 7/98). ¿Es posible pensar de otro modo con
9 millones de personas por debajo de ese nivel? ¿Es posible sostener
la bondad de la democracia con un población en la que en el sector
de más bajos ingresos, una de cada 4 personas no puede encontrar
trabajo? ¿Cual es el ánimo de quienes cada año
pretenden entrar en la vida adulta - los jóvenes - cuando rebotan
contra un muro laboral tan impenetrable? Es patente que la economía
social argentina no es un orden abierto. Y no lo es porque es imposible
establecer una economía de mercado competitivo (decisión
correcta) sin asegurar el libre acceso a la primordial fuente de trabajo:
el suelo. La tierra urbana y rural no es un factor de producción,
es un instrumento de lucro. G. Soros compró en Puerto Madero 5000
m² por 5 millones de dólares y los vendió tres meses
después en 9 millones (May/98) ¿Que otra empresa - sin
hacer nada - gana el 80% de su inversión en 2 meses? La tierra en
la Argentina no es un factor de producción; es objeto de
especulación. Así lo determina el actual sistema de
impuestos
[1].
En cuanto a la economía pública los datos son igualmente
alarmantes. El Estado vive en situación de quiebra. Lo prueba sin
discusión el endeudamiento interno y externo creciente. La deuda
externa se ha duplicado en la última decada, a pesar de la
renegociación Brady y la masiva privatización.
Hoy sobrepasa los 100 mil millones de dólares. ¿Acaso
el Estado no se ocupa de obtener fondos (como corresponde) de la
economía social? Claro que lo intenta. Pero mediante un sistema
tan obtuso que sus mejores resultados son:
- una evasión cercana al 50%;
- un 50% de trabajadores en negro (¿con que se pagarán
las jubilaciones futuras?;
- decenas de miles de empresas clausuradas;
- miles de procesos judiciales y, lo peor,
- la propagada convicción por las propias autoridades que los
argentinos somos un hato de delincuentes.
Para quien quiera ver, sólo una cosa se ve:
que el actual sistema de impuestos empobrece a la gente, paraliza a la
economía social,, degrada a los individuos, castiga al trabajador,
al productor y al consumidor y - para colmo - hace del Estado una
organización menesterosa e incapaz. Como toda organización
en quiebra solo sirve a los que sin escrúpulos se aprovechan de
ella para lucrar en su propio beneficio. ¡Adiós al bien
común!
Los legisladores son los responsables del mantenimiento o del cambio de
ese deletéreo sistema. Hoy se encuentran en un callejón sin
salida. Basta leer el artículo "El paquete fiscal, cada vez
más condicionado" (La Nación, 2a. Sección, Jun/6/98)
para verificarlo. O pensar seriamente en los nuevos inventos: crear un
impuesto del 1% a los automotores para pagar magros aumentos a los maestros
o vedar la venta de autos con motores diesel (!). ¿Porque tanto
disparate? Porque el sistema de impuestos vigente es disparatado y toda
reforma que lo acepte como básico lleva a nuevos dislates.
Cualquiera de las reformas propuestas agrava los males existentes
("mejor no hacer nada", acaba de aconsejar un acreditado economista),
pues cualquiera de ellas afirma al sistema vigente, enemigo confeso del
trabajo, la inversión y el consumo. Por lo tanto sea cual fuere la
retórica usada, contribuyen a arruinar aún más la
economía social y pública, a minar la fe en el país
y a desvalorizar la democracia, el derecho y la justicia.
El Instituto de Capacitación Económica viene denunciando al
actual sistema desde su fundación (1986). Ha estudiado varios
sistemas vigentes en el mundo y puede probar la existencia de otros
sistemas, compatibles con la democracia, la economía de mercado,
la libertad individual y la justicia social. Solo aspira poner a
disposición de los legisladores esos conocimientos, para que en
lugar de correr el riesgo de una recaída de nuestra patria en una
situación límite, más allá de las diferencias
partidarias, el Congreso establezca un sistema de recursos públicos
que permita concretar los diversos y aparentes contradictorios objetivos
del inciso 19 del artículo 75 de la Constitución Nacional.
Héctor Raúl Sandler, Director
Buenos Aires, Junio 9 de 1998.
[1]
Tengo en mi poder un estudio técnico el cual atribuye al suelo
"libre de mejoras" útil de la Capital (fuera calles, plazas, etc.)
un valor de 110.000 millones de dólares (a julio/98). Si se aplicara un
sistema parecido al vigente en varias ciudades de Pennsylvania (USA) y del
Canadá (inglés), y se cobrara un módico 5% al valor
del suelo, se recaudarían en esta ciudad 5.500 millones (2/3 mas que
el prespuesto actual), al mismo tiempo que se PODRÍAN ELIMINAR TODOS
LOS IMPUESTOS LOCALES Y NACIONALES recibidos por coparticipación.
Me es casi imposible imaginar la "revolución productiva" que se
produciría.
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