Reflexiones para un buen gobierno
La oportunidad histórica de la
legislatura de Buenos Aires
Sin más consideración moral que la "obediencia
debida" a la legislación prexistente, sin reflexión
alguna sobre la inmoralidad del sistema de impuestos a los inmuebles,
animados por la única idea aumentar el erario, los funcionarios
del gobierno de la Capital acaban de inaugurar el mes Mayo - el mes de
la Revolución patria - con una ofensiva contra la mayoría
de los propietarios de inmuebles de la ciudad. Sólo una notoria
insensibilidad por los padecimientos del pueblo, causados por los
impuestos que castigan al trabajo y la inversión real, robustecida
por un total desconocimiento de los principios de un sistema racional de
recursos públicos (sostenidos ya por los revolucionarios de Mayo),
pueden explicar que un gobierno de origen democrático insista en
la torpe política impositiva, que fraguada a comienzos de la
Década Infame (1930), apoyada ahora por los ignaros técnicos
del FMI, se ha expandido por todo el país y el mundo, colocando a
las naciones y al orden económico mundial al borde del colapso.
Este tipo de ofensivas del poder público, tratando a los ciudadanos
como súbditos, no es cosa nueva entre nosotros. Se ha tratado de
cubrir la ignorancia con la arrogancia y lograr el cumplimiento con el
garrote. Esa desmesurada política ha provocado rebeliones sociales
en distintos puntos del país. Peca de insensatez o irresponsabilidad
quien crea que nuestro pueblo puede ser sometido de modo permanente a un
régimen de expoliación impositiva, que no solo saquea sus
bolsillos sino que lo traba en su desarrollo. Los gobiernos tratan de
hacer creer que el deficit fiscal es efecto de la evasión, y que
ésta ocurre por fallas morales, bien de los recaudadoeres, bien
de la población. El imbatible deficit (apreciable en el constante
crecimiento de la deuda pública), y la persistente evasión,
son la categórica prueba de la perversidad e ineficiencia de ese
sistema de recursos.
El caso del impuesto inmobiliario es escandaloso.
El actual gobierno de la ciudad ha contratado empresas para valuar las
mejoras construidas sobre los terrenos, gastando casi 50 millones de pesos
anuales en esa disparatada tarea. Mientras así se dilapidan los
escasos recursos, dos mujeres iletradas, entre muchas otras, Mónica
Carranza (52) y Nora Albarracin (50)
(Clarín, 06/Abr/98,
Pág.60), con denodado esfuerzo y la ayuda de los vecinos
¡dan de comer a más de 6.000 niños de la calle cada
día! Con lo que Hacienda gasta en averiguar el valor de la riqueza
ajena (4 millones por mes = $ 130.000 por día) ¿cuantos
niños e indigentes podrían ser saciados?
¿Y a qué se debe tal desperdicio de dinero? Pues a la sandez,
tenida por ciencia, según la cual el impuesto inmobiliario debe ser
calculado y pagado en proporción a la cantidad y calidad de lo
construido sobre el terreno. Nadie es capaz de inventar peor castigo a la
inversión y al trabajo. Lo disponen los mismos funcionarios que
lamentan la existencia de miles de villas miserias y el desamparo de
500.000 personas durmiendo en los umbrales, higienizándose en las
fuentes de agua y aliviando sus naturales necesidades en parques y
lugares públicos.
Los impuestos actuales son un castigo para la producción y el
consumo, causan la miseria crónica y la quiebra de los negocios.
Pero no de todos; sólo la de los productivos.
En cambio premia la especulación.
El impuesto inmobiliario
actual alienta especular con la base de la vida: el suelo.
La compañia IRSA del afamado señor G. Soros, compró
hace tres meses 5.000 m² de terreno en Puerto Madero por 5 millones
de pesos. Nada construyó ni produjo sobre el predio. Lo acaba de
vender en 9 milllones
(Clarín, 09/May/98, Pág. 29)
¿Qué empresa puede, con una inversión de 5 millones
y sin hacer nada, ganar 4 millones en tres meses? ¿Cuántos
siglos debe trabajar un asalariado para ganar esa suma?
La nueva legislatura puede optar entre ser la asamblea más
democrática habida en toda la historia de nuestra ciudad o repetir
el deplorable papel de los concejos que la precedieron.
Todo pasa por
cambiar o mantener el sistema de impuesto inmobiliario.
No es tan difícil dar el paso histórico. Basta comenzar
de modo sencillo y simple:
- No modificar lo que los inmuebles edificados pagan en la actualidad;
- Pero cambiar la liquidación, imputando al terreno lo que hoy
se cobra por la mejora y a la mejora lo que hoy se cobra por el terreno;
- Obligar a los terrenos baldíos a pagar la suma que pagan los
terrenos edificados aledaños.
- Registrar el incremento de los permisos para construir a partir de la
reforma y sobre esa base empírica y el consenso de la población,
programar el sistema definitivo.
Inspirado en los principios de Belgrano, de Henry George y del diputado
nacional C. J. Rodríguez
(ver Diario de Sesiones, H. C. de Dip.
16/Jul/19, Reunión Nº 22 Pág. 729).
Dr. Héctor Raúl Sandler, Director
Buenos Aires, Mayo 14 de 1998.