ICE INSTITUTO DE CAPACITACIÓN
ECONÓMICA

Reflexiones para un buen gobierno

Dejando jugar la imaginación sobre sistemas alternativos para solventar el gasto público que demanda la Ciudad de Buenos Aires.


En "La lección del parquímetro" expuse muy brevemente una idea para reunir recursos por una vía substitutiva del actual sistema, usando como metáfora el "principio del parquímetro". Quienes estacionan el automóvil en parquímetros pagan en proporción al valor del espacio usado sin que para nada incida en el precio el modelo del automóvil. Hoy me permito estimular la mente del señor legislador invitándolo a imaginar la aplicación de ese principio al territorio sobre el cual se asienta la ciudad de Buenos Aires. La superficie sobre la cual ejerce su soberanía el gobierno de Buenos Aires es de unos 200 Km². Si grosso modo destináramos un 50% a calles, plazas, parques y avenidas, restarían 100 Km² aprovechables para la construcción de edificios con distinta finalidad. 100 Km² equivalen a 100 millones de metros cuadrados. Esta sería la parte del territorio de Buenos Aires que la sociedad porteña, mediante su gobierno, pondría a disposición de los particulares para construir viviendas, locales comerciales, oficinas y edificios con distinta finalidad.

El precio de mercado de los terrenos en la Capital es muy variado, dependiendo del desarrollo del barrio o incluso de sitios más puntuales. Pero para dejar jugar la imaginación, no es descabellado estimar un precio promedio de unos $ 500 por metro cuadrado. Aceptando esa cifra a los efectos del ejercicio mental que propongo, se llega a la conclusión que aquellos 100 millones de metros cuadrados valen, a precio de mercado, unos $ 50.000.000.000 (Cincuenta mil millones de pesos). Si siguiendo el ejemplo de ciudades como Pittsburg, Scranton y otras del Estado de Pennsylvania (EEUU), o de Ottawa (Cánada) o de Sydney (Australia), se resolviera formar el tesoro público cobrando un porcentaje anual sobre el valor real del suelo libre de mejoras, y se fijara el pago anual en un 10% del valor del suelo, en la hipótesis, el fisco porteño tendría un ingreso de 5.000 millones de pesos por año, cifra nada insignificante. Con estos agregados: a) no hay modo de evadir; b) el ingreso se incrementaría por el fenomenal e inevitable desarrollo subsiguiente, lo que iría incrementando el valor del suelo y con ello los ingresos del fisco; c) el gobierna dejaría de endeudarse y de rondar como un menesteroso por las financieras mundiales, traspasando el pago de los intereses a los habitantes presentes e hipotecando la vida de las generaciones futuras. (Actualmente no todos los niños nacen con un pan bajo el brazo; pero sí todos nacen deudores).

Pero la gran revolución ocurriría en la sociedad por la inevitable reacción de sus habitantes más capaces y emprendedores. Si el gobierno forma sus recursos cobrando el crédito público por el uso del suelo, tiene que eliminar - en el mismo acto - todas las leyes y decretos que han establecido impuestos de toda clase con los que se asfixia a las empresas, industriales, comerciales y toda clase y a los individuos y grupos que trabajan como comerciantes, prestadores de servicios, profesionales y, por supuesto, a todos los consumidores. ¿Como sería apreciada una ciudad en la que habitar, trabajar, producir, enseñar, prestar servicios y consumir no genera la obligación de pagar impuesto alguno, y en la que la única obligación de los agentes de la economía consiste en pagar un tanto por ciento del valor real del espacio que ocupa? En Pittsburg en 1978 se practicó, en mucha menor proporción, un plan semejante y en solo tres años la construcción de edificios se incrementó en un ¡300%! (S. Cord, The Evidence for Land Value Taxation).

Dr. Héctor R. Sandler, Director
Buenos Aires, abril 23 de 1998.


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