Reflexiones para un buen gobierno
La experiencia de Estonia
La ideología dominante en materia de impuestos, alentada por el FMI,
ha tendido una densa "cortina de falsa ciencia", que no deja ver
en la educación general y académica la existencia de otros
sistemas más compatibles que el vigente con la democracia, la
justicia social y el mercado libre. Aquella ideología desconoce,
incluso, el pensamiento económico de nuestros próceres y
otros antecedentes patrios más acordes con la Constitución.
Con el fin de disipar esa niebla y dar lugar a la pendiente discusión
de fondo sobre la reforma impositiva, el
ICE le hace llegar una
importante información sobre la transición del estatismo
económico a la economía de mercado en ESTONIA y otros
países.
Dr. Héctor R. Sandler, Director
Uno puede pensar que Europa Oriental ha tenido buenas razones para
distanciarse del pensamiento del siglo XIX en la tarea de implementar
políticas de transición del centralismo comunista a la
economía de mercado. Sin embargo, décadas de coercitivos
experimentos bajo las ideas de Karl Marx, no parecen haber suprimido su
interés por el pensamiento de ese siglo. En su lucha para adaptar
formas de mercado más libres, algunos de los países
ex-comunistas están adoptando las ideas poco ortodoxas de
Henry George, un economista norteamericano nacido en 1839 y
fallecido en 1897.
George es probablemente el único teórico en materia de
impuestos cuyas teorías han llegado a ser casi objeto de culto.
George sostenía que los impuestos debían ser aplicados
sólo sobre el valor de la tierra, no sobre el trabajo y el capital.
El "impuesto único", según su libro
"Progreso y Miseria", pondría fin al desempleo,
la pobreza, la inflación y a la desigualdad. Los georgistas,
cuyos principales seguidores en la actualidad no superan algunos pocos
dedicados a repartir folletos con el fin de propagar sus ideas centrales,
piensan que estos beneficios serian apenas el comienzo de un nuevo orden
social.
El impuesto único (Single tax)
[1] nunca
ha sido plenamente aplicado y los obstáculos políticos son
obvios. En los países postcomunistas, sin embargo, los grupos de
presión formados por propietarios del suelo, son débiles o
no existen. En los países que abandonaron el comunismo las virtudes
prácticas del impuesto a la tierra son significativas: es simple
y barato de cobrar; la evasión es casi imposible; y dejar abandonada
o sin usar la tierra en propiedad tiene un costo prohibitivo.
Estonia descubrió a Henry George en 1991 e introdujo un impuesto al
valor de los terrenos dos años después.
Este impuesto es ahora una de las fuentes más importantes de
los recursos que obtienen las autoridades locales, cuya capacidad
administrativa seria sobrepasada por sistemas más complicados
como son los impuestos a los ingresos, a las ventas y a los beneficios,
la mayoría de los cuales son recaudados, en cambio, por el
gobierno central. Los valores de la tierra son dados a conocer al
público en planos puestos en los edificios de la municipalidad.
Aquellos que desean apelar esos valores pueden hacerlo; pero pocos lo
hacen. De acuerdo a Tambert Tiits, un experto en el uso de la tierra,
la recaudación en 1996 alcanzó el 95.5%.
El impuesto también ayuda a evitar un efecto lateral del proceso
de regreso del país al estado de derecho, lo que da lugar a que
quienes eran propietarios antes del régimen soviético
pretendan se le restituyan sus propiedades. Donde este derecho fue
reconocido, ha emergido una clase de nuevos e inactivos dueños
del suelo, a menudo residentes en el exterior, que tienden a dejar sus
propiedades en muy mal estado. El impuesto a la tierra, incluso un
modesto 2% del valor del suelo, los estimula a explotar su propiedad o
a venderla. También es penado el desperdicio de la tierra fiscal:
Los organismos del sector público tienen que pagar ese impuesto
[2]. Otros países están siguiendo el
camino de Estonia, inspirados en el pensamiento georgiano.
Eslovenia ya tiene el impuesto a la tierra y Latvia y la República
Checa lo tienen en sus planes. Sin embargo no todos abrazan las propuestas
de George con igual entusiasmo. Algunas sugerencias para reemplazar otros
impuestos con ingresos del impuesto a la tierra han ido declinando.
Si se implementa totalmente la teoría georgiana - teme Tiits -
podría bajar tanto los precios de la tierra que el mercado de
dejaría de obrar para asignarla de modo eficiente, lo que
ocurría con la planificación central de la época
marxista.
The Economist, Febrero de 1998, pag.82. Tr. H. R. Sandler.
Subrayados del traductor.
Agradecemos al profesor Dr. Guillermo Molinelli la remisión de este
material.
[1] Nótese la total diferencia del
"impuesto único" de George con el invento llamado
"monotributo".
[2] M. Belgrano fue el inspirador de este sistema
que fue aceptado por la mayoría de los próceres de la
Revolución de Mayo.