ICE INSTITUTO DE CAPACITACIÓN
ECONÓMICA

Reflexiones para un buen gobierno

El palo en la rueda de la economía argentina

Obligaciones y deberes de un gobierno democrático

Partamos de la base que un gobierno democrático debe servir a la ciudadanía suministrando dos grandes clase de bienes:
  1. Bienes públicos (seguridad interior, defensa exterior, estabilidad institucional, salud, educación, etc).
  2. Políticas sociales (medidas especiales destinadas a aliviar la situación de personas, instituciones y grupos).

El buen cumplimiento de estas dos obligaciones principales varía según la destreza, sensibilidad y responsabilidad de los gobernantes, funcionarios y empleados del Estado. Pero su efectivo cumplimiento depende - sin ninguna duda - de los recursos financieros con que cuente el gobierno. Sin resolver este problema, sus promesas son palabras al viento y, frecuentemente, fuente de ciclones políticos y terremotos sociales.

El problema central: la cuestión de los recursos del Estado

La importancia del problema de los recursos del Estado es tan grande que la búsqueda de la solución suele pasar por política económica. Política económica es algo más que sacarle dinero a la gente de cualquier manera. Son medidas destinadas a establecer un buen orden económico social. Por esto el modo de resolver el problema de los recursos del Estado es el corazón de la política económica. Si se resuelve mal, el gobierno no solo no podrá generar los bienes públicos y brindar las políticas sociales indispensables. Lo que es peor, desorganizará la economía de los particulares y provocará la ruina de todas las instituciones civilizadas.

Error común: creer que el sistema de impuestos vigentes es bueno

Los gobiernos dan por bueno al sistema de impuestos vigente. En consecuencia atribuyen (y siguen atribuyendo) la falta de recursos a fallas morales de los contribuyentes. Los argentinos no pagarían los impuestos porque son inmorales. La evasión es presentada como la contumaz violación a la ley por arraigada inmoralidad. La falsedad de este pensamiento (dominante en la opinión pública) se aprecia en varios hechos. Obsérvese que a la persecución por el cobro de impuestos, de modo sistemático le sigue una bondadosa moratoria. Si estuviéramos ante efectivos delitos morales, las moratorias serían una aberración. Otros hechos más significativos: habría 3 millones de trabajadores en negro, para evadir pagos a la DGI y una evasión impositiva que supera el 40% de lo potencialmente recaudable. Si estas conductas tuviesen una raíz moral, nuestro país no podría aspirar a ningún destino digno. ¿Cómo lograrlo con una población que es un hato de delincuentes? Nadie considera en serio que es inmoral evadir; pero casi todos consideran que no se debiera evadir. Esto indica que la conciencia no falla, sino que algo pasa con las normas que obligan a pagar. Por ello conviene partir del supuesto contrario: no es inmoral la gente sino el sistema de impuestos.

Los catastróficos efectos del sistema de impuestos vigente

La política recaudatoria comenzó en 1991 con una feroz ofensiva contra los contribuyentes. Confiados en la bondad del sistema, el gasto público fue presupuestado al más alto nivel. Progresivamente pasó de 24.000 millones de pesos en l991 a casi 50.000 millones para l996. El resultado ha sido pavoroso:
  1. Más de 4 millones de trabajadores desocupados;
  2. Más de 40.000 comercios cerrados;
  3. Reducción de los salarios de quienes conservan su empleo.
  4. Vertical caída del consumo;
  5. Caída de la producción;
  6. Y, finalmente, la sorpresa: la bancarrota fiscal. El gobierno confiesa - al término del primer semestre de 1997 - un déficit de más de 2.500 millones de pesos. ¡Lo que había previsto para todo el año!
  7. En tanto el endeudamiento público sigue creciendo vigorosamente, cargando de grilletes a las futuras generaciones. ¡Con el visto bueno del FMI!

La economía social de mercado exige otro sistema de impuestos

El gobierno intenta constituir una economía social de mercado. Contra esa idea no hay oposición porque el propósito es correcto. Pero el sistema de impuestos existente no es compatible con la economía social de mercado. En esta economía las empresas no monopólicas son su esencia y se constituyen en vista a las ganancias. Nuestro sistema de impuestos las destruye. Para eso se vale del impuesto a las ganancias a nivel nacional. En las provincias la cosa es más ruda: cobran impuestos a los ingresos brutos, aunque no haya habido ninguno. El slogan es: "gana y perecerás". En una economía social de mercado la empresa existe gracias al poder adquisitivo de la gente. El sistema de impuestos vigente combate sin piedad ese poder. Para ello se vale del IVA. Vieja alcabala de reyezuelos europeos, cuyo principio era: "consume y perecerás". El IVA, por más vueltas que se dé, lo paga el consumidor. ¡Valiente modo de alentar la economía de mercado!
En síntesis: el actual sistema castiga al productor, al comerciante, a los trabajadores y a los consumidores. Por ello hay que empezar por reconocer que el actual sistema de impuestos es el palo en la rueda de la producción y el consumo. Y con ello fuente de la mayoría de los males que asuelan al país.

La responsabilidad de los legisladores

La obligación de pagar los actuales impuestos no tiene más fuente que la ley positiva. No nace de una "ley del mercado" ni de un principio moral. Por lo tanto hay que aceptar que el palo en la rueda es obra de los legisladores. ¡Nada menos que los representantes del pueblo! Solo un hecho puede excusar tan mala legislación: las erróneas teorías con que los engañan y presionan funcionarios y técnicos. Conviene que sepan que hay otras fuentes legítimas de recursos para afrontar el gasto público.
Pero esta es otra historia.

Dr. Héctor Raúl Sandler, Director
Buenos Aires, febrero 24 de 1998


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