ICE INSTITUTO DE
CAPACITACIÓN ECONÓMICA

Propiedad sobre el suelo y Ciencia Económica
por Ian Lambert

Traducción de H. R. Sandler del trabajo
Georgism as a Possible Structure for Existence of a World That Works for Everyone with No-one Left Out
New Jersey, August, 1997

"Permítame decir algo antes que la lluvia sea tratada como una mercancía y que a alguien se le ocurra distribuirla por dinero.   Alguien quiere decir gente que no puede comprender que la lluvia es un don, que no aprecia que es un regalo, que piensa que lo que no tiene precio no tiene valor, que lo que no puede venderse no es real y que la única forma de hacer que algo sea real es colocándola en el mercado.   Llegará el tiempo en que gente de esa clase nos venderá nuestra propia lluvia.   Hasta el momento ella es libre y por eso también en ella lo somos nosotros.   Celebro su carencia de sentido y su gratuidad."


Estas palabras no son de un seguidor de Henry George, ni de un graduado en el Landmarck Forum, aunque sin duda las suscribiría.   Son las palabras de otro gran norteamericano: un monje Cistercense de nuestro siglo: Thomas Merton. El mensaje de Merton, como el de Henry George y Werner Erhard, muestra que el hombre impulsado por su deseo dominar y controlar la realidad, falsifica la verdad de su propia existencia como ser humano.  

Lo que para Merton era una cuestión específicamente espiritual, para George era un problema de orden social y estructural.  La idea central de George era que no existe ningún derecho natural de propiedad privada sobre el medio ambiente.  De modo habitual y en gran medida aceptamos esta idea.  El aire, los mares, los grandes lagos y ríos, el lecho marino, el espacio exterior son cosas que consideramos herencia común de la humanidad.  Sin embargo no aplicamos el mismo criterio sobre esa delgadísima costra del globo terráqueo llamada suelo.  A éste la delimitamos, arbitrariamente y sobre él admitimos la posibilidad de la propiedad privada del suelo. Este derecho es un arbitrio, un ingenio humano, que nada tiene de natural. George lo considera el origen de la mayoría de nuestros grandes y numerosos problemas económicos y sociales, como los carentes de vivienda (homeless), el desempleo, la pobreza y la cíclica crisis de los negocios.  También ese arbitrio es responsable de los vanos intentos practicados por los gobiernos para compensar aquellos males: el depredatorio sistema impositivo y el Estado asistencial permanente que socava la responsabilidad y la iniciativa de las personas.

Hace más de 100 años que George vió - incluyendo a su país, Norte América - que la totalidad de nuestros contemporáneos sistemas económico, social y politico, habían sido construídos a partir de una absurda adicción a la propiedad privada de la tierra, la que lleva a considerar respetable que algunos hombres tengan un derecho absoluto sobre el suelo.  Se trata más bien de una una adicción a la titularidad del derecho de propiedad que a la posesión misma de la tierra para la producción.  George predijo que ese fenómeno provocaría la emergencia de economistas profesionales cuyo saber procuraría la aceptación social de esta institución y de ese modo mantener el sistema que ella desarrolla.

Permítaseme citar a un seguidor actual de George, el brillante Profesor de economía Masson Gaffney [1].  En una carta enviada en 1993 al director de la revista "Tierra y Libertad", transcribiendo a un autor de fin del siglo pasado, decía:

"'-Señor, ¿sabe usted que si en Norteamérica se pudiera embotellar el aire, habría gente lo que haría? ... formarían una Compañia Embotelladora Aire ... y las autoridades permitirían que millones de hombres corrieran el riesgo de morir por asfixia al no tener con qué pagar el aire que necesitan'.


Así escribía Robert G. Ingersoll (c.1892) ...
Los tiempos previstos por Ingersoll han llegado.  Ronald Coase, el destacado economista de Chicago, dice que los contaminadores (a quienes él llama emisores) tienen, tanto derecho a emitir como las víctimas de la polución (a las que él llama receptores), tienen derecho a respirar aire limpio.  No importa, dice Coase, cómo nosotros asignemos la propiedad originariamente: en la medida que haya libre mercado, todo funcionará eficientemente ... ¿Motivó esta teoría,acaso, la risa general? Al contrario, Coase, alzado sobre los hombros de sus adulones colegas fue considerado un semidios (lo que, dicho sea al pasar, bastante dice de sus colegas).  Sobre las alas de semejante teoría, la idea voló hasta encontrar su punto de concreción en la vida real.  Hoy la Administración de la Calidad del Aire de la Costa Sud del los EEUU, adjudica 'derechos de compensación' a aquellas firmas registradas con fuertes índices de contaminación. Los nuevos contaminadores pueden comprar 'derechos de propiedad' de otros contaminadores más antiguos.  De hecho, no se multa a la gente por contaminar.  Se les paga para que dejen de hacerlo: el defecto se premia. En cambio, si usted ha sido un buen vecino, y voluntariamente ha dejado de contaminar, no tiene derecho alguno a ser compensado.  La virtud es multada. ¿Y aquellos que quieren respirar? Coase dice que ellos también deberían comprar ese derecho del contaminador más antiguo y honrado.  Mediante el contrato de compra y pagando los derechos de compensación.  Y por esta clase de teorías se le dio el Premio de Nobel.  Hoy podemos ver cuán acertado estaba el viejo Ingersoll.  Nada es demasiado absurdo una vez que se ha aceptado traspasar los límites de lo razonable. Traspasado el límite de la razonabilidad se puede destilar y hacer rendir al máximo las consecuencias derivadas del principio del derecho de propiedad sobre el suelo establecido por los hombres. [2]


[1] Masson Gaffney, economista, es autor de numeros trabajos críticos de la ciencia económica oficial.  The Corruption of Economics (La corrupción de la ciencia económica), Shepheard-Walwyn, London, 1994, escrita en colaboración con Fred Harrison, es su último libro.

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[2] Henry George (1839-1897), filósofo, economista, fue autor de numerosos libros sobre problermas sociales de raíz económica, entre los que se destaca "Progreso y Miseria.  Indagación acerca de la causa de las crisis económicas y del aumento de la pobreza con el aumento de la riqueza.  El remedio", traducido al castellano por Baldomero Argente del Castillo, Robert Schalkenbach Foundation, New York, 1972.

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