ICE INSTITUTO DE CAPACITACIÓN
ECONÓMICA

La guerra en Kosovo y la responsabilidad de la Argentina

A diario se agrava el conflicto bélico en los balcanes. Dada la globalización mundial y nuestra condición de aliados extra OTAN de los Estados Unidos crece el riesgo de tener que participar activamente. Una mirada superficial, consecuencia de haber abandonado desde hace años la política de poblamiento dispuesta por la Constitución Nacional (Art. 25), abrirá la discusión sobre si debemos o no mandar armas y soldados a esa zona de operaciones. Si se decide que sí, lo haremos con dolor y repugnancia, porque nadie es capaz de decir a la fecha de que lado está la razón. Para colmo ese tipo de posible intervención, fuera de agregar otro desgarramiento a los muchos que padecemos, nada significará en la evolución de los acontecimientos. ¿Le cabe acaso a la Argentina otro papel que ser mero espectador neutral o el de meter baza en tan enredada situación sin que con ese aporte nada cambie? Nuestros gobernantes no advierten otros caminos ni el pueblo argentino parece recordar sus ancestros. Somos proclives a olvidar que en amplia mayoría, los argentinos "descendemos" de barcos venidos de todas partes del mundo. Descendientes de pueblos castigados por el hambre, la pobreza, el terror y la guerra.

La guerra en Kosovo remata en un pleito sobre el territorio
La guerra entre los pueblos balcánicos se debe a enorme cantidad de causas; pero de hecho se concreta en hombres matando y sufriendo por un pedazo de territorio. Metralla y misiles los expulsan de su tierra. No son guerreros. Entre las varias imágenes de televisión dando cuenta de incendios y matanzas, se ve a millones de niños, mujeres y varones en fuga, cuyos rostros dolientes muestran a las claras que se trata de gente humilde, deseosa de paz y trabajo. La OTAN ha decido "salvarlos" a "sangre y fuego" y no es esta frase una metáfora.

¿Qué podemos hacer nosotros?
¿Podemos nosotros, los argentinos, contribuir de alguna manera a salvar la vida de muchos al borde de morir por los enriedos de unos pocos?. Sí podemos. No solo podemos sino que estamos obligados a hacerlo. Por humanitaria solidaridad y porque lo manda nuestra Constitución Nacional, cuyo hermoso preámbulo afirma que ella se ha dictado, entre otras cosas, para asegurar los beneficios de la libertad para nosotros para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino.

El fundamento moral de nuestra propuesta
El fundamento moral de este mandato es claro: los constituyentes la han dictado invocando a Dios, fuente de toda razón y justicia. Esta invocación no es mera palabrería. Un pueblo que dicta una Constitución determinando su soberanía sobre un pedazo del planeta no puede, moralmente, ignorar la propiedad original de Dios sobre el territorio en que se asienta, ni dejar de tener presente que ante sus ojos somos todos meros inquilinos (Levítico, 25:23). Que ese territorio es condición indispensable para la vida, pues es el don de Dios para que el hombre gane el pan con el sudor de su frente (Génesis, 3:19).

El fundamento material de nuestra responsabilidad como nación soberana
El fundamento material del mandato constitucional era claro: nos declaramos soberanos sobre un hermoso y vasto territorio que estaba y sigue estando vacío. Esto genera una responsabilidad. De aquel respetable acto de soberanía y la inmensidad sobre la que asumimos la carga de administrarla, emerge la responsabilidad de poblarlo. Así lo entendió el constituyente, no solo reconociendo en el Preámbulo ese deber ante la humanidad, sino ordenando concretar jurídicamente aquella obligación: El gobierno federal fomentará la inmigración europea (Art. 25 CN). ¿Y que dimensiones tiene esta responsabilidad progresivamente olvidada por los últimos gobiernos! Disponemos de un excepcional territorio de más de 2.700.000 km² y apenas sobrepasamos los 30 millones de habitantes. Para apreciar el escandaloso olvido del mandato constitucional, basta imaginar algunas hipótesis tomadas de la realidad. Si nuestro pais estuviese poblado en densidad semejante a la de los Estados Unidos (30 hab/km²), la población argentina debiera alcanzar la cifra de 81 millones de almas. Si lo estuviera según la densidad de un país que nos es muy afín (Italia, 100 hab/km²), debiera frisar la cantidad de 270 millones. Y si el cálculo lo hiciéramos según la densidad media de Europa occidental (120 hab/km²), la sociedad argentina debiera superar los 370 millones de seres. Nuestra población - medida de la desidia gubernamental - no llega a un décimo de lo que pudiera ser. Es la ignorancia de esta realidad la que lleva depositar las esperanzas del futuro en la inversión extranjera, en la exportación, en la crónica deuda pública y, finalmente, en la emigración a sitios más prósperos, no por su clima, sino por su ordenamiento legal.

Cuál sería nuestra más positiva contribución a la paz
Es desde esta realidad, de la cual somos responsables, que debemos contemplar el deplorable conflicto de Kosovo y pensar qué soluciones podemos aportar al dolor de un millón de seres privados de su tierra. Frente a la posibilidad que la Argentina pudiera tener 300 millones de habitantes, siendo apenas 30, ¿qué significa un millón de inmigrantes? Tanto como un balde de agua en el Rió de la Plata. Pero, se dirá, ¿cómo traer al país un millón de desocupados, cuando más de 2 millones están aquí sin trabajo y casi 3 millones de compatriotas han debido emigrar en los últimos 50 años? (J. C. Zuccotti, La emigración argentina). Por cierto que así es la triste situación argentina. Pero nadie podrá decir que el trabajo falta por escasez de tierra. El trabajo falta por la escasez de población y la población es tan escasa (como hacinada en la Capital y dos o tres ciudades), porque el territorio argentino es geográficamente existente, jurídicamente adquirible, pero económicamente inalcanzable para los hombres de trabajo.
Que la tierra patria sea cosa tan fácil de comprar para solaz esparcimiento de extranjeros millonarios y que a la vez que sea inalcanzable para millones de trabajadores se debe pura y exclusivamente al sistema de impuestos vigente en el país.

Seguir como estamos o ser un mundo de primera
La guerra de los balcanes con sus inhumanas consecuencias es un verdadero reto para la Argentina. La opción es inexorable. Debemos elegir uno de estos dos caminos:
  1. El de la decandencia y la servidumbre.
    Basta para esto con mantener vigente el actual sistema de impuestos que castiga a quien trabaja, invierte y consume, a la vez que simulamos cumplir con nuestro deber humanitario mandando armas y soldados argentinos a la guerra, sabiendo que con ello nada aportamos a la solución. Ni al problema de la guerra ni a los de nuestro país.
  2. El de la grandeza que alguna vez tuvimos.
    Bastará con dar vuelta de revés al sistema de recursos del Estado, sustituyéndolo por otro que los aliente el consumo, el trabajo y la inversión (semejante al que rige en Sidney, Pittsburg, Dinamarca o Nueva Zelandia, entre otros) y luego, en vez de misiles y soldados enviar buques y aviones para traer a nuestra patria al millón de desterrados.


Claro que esto supone pensar y diseñar una política de poblamiento inexistente en la actualidad.

Héctor Raúl Sandler, Director
Buenos Aires, abril 5 de 1999

Retornar al índice Si quiere enviarme un mail


Diseño, ejecución y promoción: Ing. Eduardo J. Salom
eduardo@psg.com
http://www.advance.com.ar/

HitBox!