ICE INSTITUTO DE CAPACITACIÓN
ECONÓMICA

Importancia del concepto de consumidor
para reordenar la economía

    I. Concepto corriente de consumidor.

  1. Cuando discutimos en torno a los derechos del consumidor tenemos en mente a una persona individual en su rol de adquirente o usuario de alguna mercadería o servicio objeto de tráfico, adquiribles en el respectivo mercado. Otra idea subyacente en este tema es que los oferentes son empresas que pueden y suelen aprovechar en su beneficio un mayor poder respecto del que tiene el consumidor, proveniente de distintas causas. La mayoría de las construcciones teóricas y las instituciones prácticas desarrolladas para "defensa del consumidor" parten conceptos construidos sobre esos datos [1].

    Es lógico que a partir del vasto proceso de privatización de empresas y servicios estatales y de una mayor liberalización de las actividades económicas con el fin de sustituir una economía fuertemente regulada y actuada por el Estado, por otra coordinada por los mercados, hayan florecido "asociaciones defensoras" de los derechos de consumidores y usuarios como hongos después de la lluvia [2]. Este proceso de transformación insinuado en años anteriores, avanzó sin cortapisas a partir de 1991. No contamos aún con una descripción fiel del orden económico resultante del proceso de privatización y desregulación. Las teorías y metodologías de "medición" de la actividad económica usados actualmente no sirven para lograr ese conocimiento [3]. De manera que no es atrevido decir que ignoramos por completo cuál es el orden económico existente [4] . Sin embargo se puede decir que mucho de lo que antes hacían algunas empresas del Estado lo hacen ahora empresas privadas, conservando en su mayoría el mismo dominio monopólico del mercado. Este rasgo basta para descalificar la opinión de quienes sostienen que en la actualidad se ha establecido una economía de libre mercado [5]. Sin embargo, es sobre la base de esta confusión que se ha propagado, con aceptación casi general, esta a convicción adicional: en toda economía de mercado es indispensable defender al consumidor de inevitables abusos de los oferentes [6] . Es esta convicción la que lleva a sostener de modo institucional que los consumidores deben ser "protegidos en su salud, seguridad e intereses económicos" (Art. 42 de la CN, 1994). Dado que todos somos consumidores, la economía de mercado aparece como la enemiga natural de la gente, a la vez que protectora de unos pocos: los oferentes de mercaderías y servicios; o sea de las empresas. Esto es verdad sólo en alguno de los tipos de mercado posibles [7] . Pero es falso como juicio universal. Basta con entrevistar a los pequeños y medianos empresarios para comprobar que también ellos desconfían de la economía de mercado y acaban por odiarla cuando la quiebra devora sus esfuerzos y arruina sus vidas. Pero ninguno tiene en claro en qué medida el orden económico vigente no es de libre mercado y pocos consideran al orden económico total responsable de su triste destino [8].

    El reconocimiento constitucional del Art. 42, las leyes dictadas con igual propósito, la creación de entes reguladores y la propagación de "defensorias" oficiales, suponen algo así como un defecto congénito de la economía de mercado. Este espíritu legislativo puede deberse (y en parte se debe) a erróneas concepciones teóricas y a la mencionada e indebida identificación de "economía de mercado" con "economía de libre mercado".
  2. El concepto del consumidor desvalido como inevitable efecto de la economía de mercado, es útil para comprender primero y limitar después el poder que los monopolios. Pero no sirve para transformar el orden económico. Si uno quiere constituir un orden económico de libre mercado, cuya característica principal, aunque ideal, es que la actividad económica sea dirigida por la libre voluntad de los consumidores, es imposible intentar transformar el orden existente aceptando que en tal economía el consumidor es un ser minusválido. Partiendo de este concepto - que es el corriente - se adopta una posición conservadora del orden vigente. Un ejemplo histórico de carácter similar puede aclarar las cosas. Ninguna formación de agrupaciones de gente de buena voluntad constituida con el fin de proteger a los esclavos, ni leyes "sociales" dictadas para mejorar el trato dado a los esclavos, habría puesto fin la esclavitud. El orden económico esclavista se justifica a partir de un definido concepto: que unos individuos tienen que trabajar para que otros vivan sin hacerlo. No se puede liquidar el orden esclavista, por más que se defienda al esclavo, en la medida que se acepta este concepto. Poner fin al orden esclavista exige pensar el orden social a partir de otro concepto. Por ejemplo, que todo hombre debe trabajar para ganar su pan y que quien lo haga sea el dueño exclusivo del que produce. El concepto de consumidor impotente, que necesita a priori siempre ser defendido, lleva a descalificar de un plumazo a toda forma de economía de mercado y con ello cancela la posibilidad de distinguir y criticar cada una de las varias formas específicas que ese orden económico puede adoptar. Esta concepción, fuertemente ideológica, impide descubrir primero y constituir después un orden de mercado único, deseable por razones morales y económicas. El orden social de mercado que asegure una efectiva igualdad de oportunidades para todos los hombres de una sociedad, a lo largo de la historia de la sociedad, por grandes que sean los cambios de circunstancias derivadas del progreso y la evolución . Para descubrir ese tipo de orden y las condiciones de las cuales depende su constitución y mantenimiento es menester partir de otro concepto de consumidor.
  3. II. El consumidor como agente de la economía

  4. El concepto corriente destaca al hombre como consumidor de mercaderías o sea de cosas producidas por otros hombres. El hombre aparece como agente del tráfico de lo producido, no como agente creador de la economía. Para apreciar al hombre como agente de la economía hay que empezar por reconocer que el hombre es un animal terráqueo, no dotado por la naturaleza para vivir en el aire o en el agua [9]. La tierra es previa a la emergencia de la especie humana y esta depende en términos absolutos para existir y subsistir de la posibilidad de acceder a ella. Como ser orgánico la oportunidad del hombre para existir y subsistir se identifica con su oportunidad para acceder al suelo. La amplitud con que las instituciones sociales sean capaces de mantener viva esa originaria e inevitable dependencia de cada hombre de la tierra, como por el contrario, la obstrucción que ellas causen al ejercicio de esa vital relación, influye en un sentido muy fuerte sobre las pretensiones políticas contemporaneas que apuntan a asegurar iguales oportunidades de vida a todos los hombres. Nuestros más primitivos ancestros, de lo que hay rastros en la mayoría de las religiones superiores, vieron a este problema con superior claridad [10] . Pero la cultura moderna ha oscurecido el caracter terráqueo del ser humano al extremo de negar aquella relación con la tierra, condición de la vida humana. Los cultores de ciencias sociales de la actualidad, pagando el precio de una extremada fragmentación de la realidad - en particular a los especialistas en derecho y economía - han desarrollado conocimientos que no sólo pasan por alto la importancia del acceso a la tierra para todos, sino que llegan al colmo de negar la necesidad de su consideración al tratar del orden político, económico y jurídico.
  5. El hombre como ser terráqueo es, y no puede dejar de serlo, primordialmente un consumidor de tierra. La consume directamente en cuanto la necesita para su habitat y producir cosas necesarias para su subsistencia. Pero en grado creciente es tambien un consumidor indirecto de tierra. No hay cosa material producida, por sofisticada que fuere, que no sea sino tierra elaborada. Miles de millones de insumos y mercaderias demanda la humanidad en su actual nivel de civilización y la mayoria de los problemas sociales tienen su fuente en la escasez de muchos más. Estos millones de cosas estan a disposicion de los hombres gracias a algo que le es propio: el orden económico. El hombre se diferencia de los demás animales por su rango espiritual. Este rango repercute en su manera de ordenarse para satisfacer la necesidad de servirse de la tierra. Su estirpe espiritual le permite constituir un orden de vida social, dentro del cual se da algo que los demás animales desconocen: el orden económico. Es la emergencia de este orden lo que nos engaña ocultando a nuestra vista la permanente e inevitable dependencia humana de la tierra. La existencia de complejo orden economico de división del trabajo y cooperación humana potenciado por sistemas monetarios de alta refinación, lo que da pie para que los "especialistas" en derecho y economia ignoren el rol fundamental de la tierra en la constitución del orden social [11] . Contribuyen a este desconocimiento contemporáneo los interses creados [12]. Mostrar al hombre como primordial consumidor de tierra pone sobre el tapete dos cuestiones de primerísima importancia para toda teoría social destinada a orientar en la tarea de constituir el orden social o solucionar los problemas que presenta: a) la cuestión de la propiedad de la tierra y b) la del destino del crédito denominado valor de la tierra [13] . Formular refinadas teorías sobre los derechos del consumidor de cosas producidas, ignorando los fundamentales problemas de orden que genera el hecho que el hombre sea, ante todo, un consumidor de tierra, es una pérdida de tiempo y colocar a los hombres frente a problemas sin solución [14]. No en vano en uno de los útimos documentos de la Iglesia se ha dicho: "No se debe dejar transcurrir el tiempo en vano. El Gran Jubileo del 2000, proclamado por el Santo Padre, es una llamada alta y comprometedora a una conversión que restablezca el derecho de los pobres y de los excluidos a gozar de la tierra y de sus bienes que el Señor ha dado a todos y cada uno de sus hijos e hijas" [15].

Dr. Héctor Sandler


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[1] (a) Profesor Consulto de Filosofía del Derecho, UBA En la década ha aparecido abundante bibliografia sobre el tema, en la que se dan razones y exponen argumentos sobre las causas de esa debilidad innata, la imposibilidad de la defensa individual y la necesidad de complementar o aumentar - en general y de modo institucional - la fuerza de los consumidores. El Art. 42 de la CN-1994 puede verse como la culminación de ese largo proceso, mezcla de experiencias y teorías sobre la asimétrica relación de fuerza entre oferentes y demandantes en el mercado de bienes y servicios, preferentemente los llamados "públicos". Este concepto predomina en los medios masivos de comunicación. Un ejemplo típico, el editorial "La defensa de los consumidores", Clarín, marzo 23 de 1998. [Retornar]

[2] Estas asociaciones son tantas que la Comisión de Defensa de los Consumidores y Usuarios de Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en un acto sin precedentes, las convocó como un "parlamento del consumidor". Según informes periodísticos concurrieron entre otras la Asociación de Defensa de los Consumidores y Usuarios en la Argentina (ADECUA), La Unión de Usuarios y Consumidores, Defensa del Usuario de los Servicios Público (DUSPAC), la Asociación Protectora de Subscripciones de Planes de Ahorro (APSPA), consumidores Argentinos, Sindicato de Amas de Casas, que lejos están de ser todas (Clarín, marzo 19 de 1998). El mismo día en la Cámara de Diputados de la Nación se creaba la flamante Comisión de Defensa del Consumidor. En la Facultad de Derecho de la UBA, el Departamento de Postgrado anunció por esos días como parte del plan de estudios para 1998, la Defensa del Consumidor. En el Colegio Público de Abogados de la Capital existe un instituto con igual objeto. Un movimiento social, teórico y académico parangonable al que a principios de siglo diera lugar a la emergencia del Derecho del Trabajo. [Retornar]

[3] La metodología empleada es, en grueso, el sistema de cuentas nacionales y el estudio de sectores de la producción y el consumo. Informes sobre el PBI, la balanza comercial y de pagos, el auge de la construcción, de la industria automotriz, o la oscilación del valor de la moneda o los títulos, son dados al día. Con tal información fragmentaria no se tiene la más remota idea de cuál es el orden económico, orden que determina el comportamiento de los agentes de la economía. Esto explica la incoherencia de las actitudes, en particular de los funcionarios. No es raro que el Ministro de Industria festeje el "boom" de la industria automotriz, como expresión del desarrollo de la economía (A.Guadagni, Clarin, abril 15 de 1998), al tiempo que los inspectores del FMI previenen sobre un posible colapso económico. No se diga que aquél se refiere al "sector privado" y éstos al "sector público", porque de ese modo se mantiene el método analitico que fragmenta el todo al punto de impedir conocerlo. [Retornar]

[4] Este desconocimiento pone en tela de juicio el acierto de cualquier política económica, toda vez que ignorándose la constitución del enfermo difícil será acertar con el remedio. La prueba empírica de esta afirmación se tiene al verificar el crónico fracaso de las sucesivas y distintas políticas económicas sustentadas en el pais en lo que va del siglo. Muchas han aumentado el desorden general siempre latente (como las practicadas de 1983 a 1991). Otras han logrado implantar un orden semifuncional, porque parecen restablecer un orden económico aceptable, pero a costa de fragmentar la sociedad: por una parte emergen los que se benefician del nuevo orden y por la otra los que lo sufren, sector integrado por millones de personas con bajo nivel adquisitivo, otros tantos en paro forzoso, cientos de miles sin techo donde vivir, enorme cantidad de marginados de la vida cultural, etc. Esto ocurrió desde el fin del siglo pasado hasta bien avanzado el presente (1880-1945) y ha vuelto a ocurrir desde las reformas de 1991. Por reacción a estas políticas conservadoras de unos y el perjuicio de otros, han emergido políticas económicas populistas. Con ellas se ha traido un alivio temporario al sector perjudicado, pero generado una fuerte tendencia al caos que provoca la inflación monetaria. Ninguna de esas políticas ha tenido a la vista las condiciones necesarias para constituir un orden económico rentable para quienes trabajan e invierten. Todas ellas han ignorado el problema social de asegurar un igual derecho de acceso al suelo para todos los habitantes, vigente a través del tiempo, pese a la necesaria inmigración y el deseable crecimiento vegetativo de la población. Menos aún han considerado la necesidad de eliminar impuestos en cuanto son un freno al consumo y la producción. [Retornar]

[5] Así, por ejemplo, se divulga que "América Latina es la región que más avanza hacia la libertad económica, según el índice de Libertad Económica que publica anualmente Heritages Foundation y The Wall Street Journal", figurando la Argentina en el grupo de los mercados "bastante libres" (Perfiles Liberales, Nº57, Ene/feb/1998) [Retornar]

[6] Para el público en general, e incluso para muchos académicos, economía de mercado y capitalismo son la misma cosa y muy pocos, si alguno, tiene presente el concepto de orden económico en el sentido de Walter Eucken, ni perciben que los mercados se dan para cada mercaderia o servicio singular y que en cada caso el mercado puede concretarse, como mínimo, en 25 formas posibles, de las cuales una sola es de competencia perfecta o mercado libre. Dada la indescriptible cantidad de mercaderias y servicios que se demandan y ofrecen en la vida moderna dentro de cada estado-nación, la definición acerca de que orden económico positivo existe aquí y ahora, solo se alcanza a traves de un serio trabajo de investigación, faltante en nuestro país. Con lo cual afirmar que la nuestra es una economía de mercado es simplemente una majadería. [Retornar]

[7] Analiticamente Eucken demuestra que son posibles como mínimo veinticinco formas de mercado para cada bien o servicio sujeto a tráfico, cantidad que se multiplica cuatro veces cuando se hace jugar estas formas con los sistemas monetarios. Sobre estos Walter Eucken, Cuestiones Fundamentales de Economía Política, Alianza Editorial, Madrid. [Retornar]

[8] Denomino orden económico total al integrado por la economía social de mercado, la economía pública estatal y el sistema de recursos para el Estado. Ver mi trabajo Dimensiones económicas de la sociedad y la democracia en Sandler H. (coordinador), Hacer la Democracia, Ediciones Ciudad Argentina,1996 [Retornar]

[9] No invalida este concepto el hecho que algunos hombre durante cierto tiempo puedan vivir en el agua o en el aire e incluso fuera de la atmósfera terrestre. También quien quiera puede hacerlo sin respirar unos minutos, sobrevivir sin beber varios dias o estarse sin comer varias semanas. La mirada recta de la realidad muestra que el ser humano - como ser individual y social - es un ser radicalmente terráqueo. "El hombre es un organismo, que como todos los demás organismos vivos se ha desarrollado en una lucha milenaria por la existencia a partir de otras formas de vida más simples. Una lucha de miles de millones de años entre cosas reales y cosas reales ... una cruenta lucha con las despiadadas leyes de la naturaleza inorganica, muchísimo más antiguas que la creación orgánica. La materia orgánica que recubre nuestro planeta como una delgada capa de moho, se ha tenido que adptar a esas leyes y sólo ha podido desarrollarse de forma que cada organismo sea capaz de librar esa lucha por su existencia. El mar ya hacia olas, las mismas olas que se agitan hoy, millones de años antes que las aletas de los peces surcaran sus aguas" (Konrad Lorenz, La Ciencia natural del hombre, Tusquets, Barcelona, 1993). [Retornar]

[10] "La tierra no nos pertenece. Nosotros pertenecemos a ella", decia en su carta al pwesidente de los EEUU el gran jefe Seattle, reproduciendo lo que en una sociedad por completo, pero culturalmente equivalente, Moises habia sostenido 3000 años antes: "Mía es la tierra, puesto que vosotros sois para mi como extranjeros y peregrinos", dice Jehova en Levítico, 25:23. Declaración fundamental para el orden social humano que acaba de reafirnar la Carta Apostólica de Juan Pablo II Tertio Milenio Adveniente (1994). [Retornar]

[11] Los hombres se asocian y constituyen sociedades de creciente complejidad conforme a la evolución. Analíticamente es posible reconocer en la sociedad diversos órdenes, distintos con su propia legalidad intrínseca, pero funcionalmente dependientes entre sí. Entre ellos se destacan el orden político, el orden jurídico, el orden cultural (el religioso, estético, moral, etc.) y el orden económico. Estos órdenes son naturales en la medida que la sociedad humana no evoluciona sin su constitución, y artificiales en cuanto no son dados por naturaleza sino que deben darse por la actividad humana. De ahí su necesaria aparición y a la vez su diversidad histórica. Estos órdenes operan como mundos que intermedian entre el hombre y la tierra. Esta particularidad es la que induce al error muy frecuente, entre legos y cultos, que en la actualidad la tierra es menos necesaria que en épocas primitivas, o que ella importa menos en los países desarrollados que en los subdesarrollados. Sostener esto es una simpleza. Para comprobarlo basta con comparar los precios de la misma parcela de tierra de ayer con los de hoy y los precios de los terrenos en ciudades desarrolladas y con los villorrios en el mismo país. Esos precios muestran cuánto más vale la tierra hoy que ayer y cuanto más valdrá mañana en proporción al creciente desarrollo humano. Pero no se trata de una mera simpleza. Es un error de gravísimas consecuncias, que de no ser salvado puede provocar, una vez más, el retroceso a formas de vida carentes de civilización. [Retornar]

[12] En pormenorizado examen de la acción de los intereses creados sobre la distorsión de la ciencia económica actual, Mason Gaffney y Fred Harrison, The Corrupction of Economics, Shepheard-Walwyn, Londees, 1994. [Retornar]

[13] El valor del suelo no es una cosa material; es un valor de obligación que habiendo mercado de tierras y sistema monetario, aparece como precio del suelo. Tal valor del suelo es un crédito para su titular y un débito para quien pretende acceder a esa parcela del globo terráqueo. Desde un punto de vista secular, toda vez que ese valor o crédito está en función de la demanda motivada por desarrollo de la sociedad en la que el predio se encuentra, se ha sostenido - con toda razón - que el titular de ese crédito es la sociedad. Por lo tanto es un crédito público y no particular del ocasional ocupante, aunque detente el título de propietario. Desde un punto de vista moral, ese titulo que los hombres crean es archiprecario, pues solo Dios como Creador tiene el 'dominium altum' sobre la tierra (cf. Lev.25,23). Por lo tanto pretender que los títulos de propiedad inventados por los hombres incluyen el valor del suelo es una falla moral y jurídica, pues lleva a la especular con el don de Dios provisto a todos los hombres por igual para que puedan concretar su derecho a la vida. Tal falla moral y jurídica provoca la destrucción de la cooperación mediante la economía de mercado, pues algunos sin trabajar se hacen ricos en tanto que otros no pueden acceder a sitio alguno para trabajar. Ya no dependen de la tierra sino de otros hombres. Es el modo moderno de cancelar la libertad individual. [Retornar]

[14] La cuestión es propia de los filósofos y teóricos de la política y el derecho, sobre todo cuando tratan temas como la justicia, los derechos humanos, las libertades civiles, la legitimidad de la autoridad y los fundamentos del derecho y la democracia. En la actualidad se discute sobre "procedimientos" que aseguren la igualdad y la libertad (como ocurre con Rawls, de gran predicamento intelectual en el mundo de las ciencias sociales). Estos son razonamientos que solo consideran lo formal, ajenos a los "contenidos" de los derechos y por tanto de poca utilidad para transformar el orden social. Sobre esto mi trabajo La justicia social constitutiva. Crítica a un aspecto de la Teoría de la Justicia de Rawls, Revista Jurídica de Buenos Aires, 1991-III. LO que hay que discutir el es contenido del derecho de propiedad al suelo y el destino de la renta frundiaria o valor de la tierra, pues ambas cosas afectan al primero de los derecho humanos: el derecho a la vida. [Retornar]

[15] Pontificio Consejo "Justicia y Paz", Para una mejor distribución de la tierra. El reto de la reforma agraria, Ediciones Paulinas, Enero de 1998, Buenos Aires. [Retornar]


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