Clemente Onelli: Aventurero, explorador, literato, buscador de fósiles y del mítico plesiosaurio

 

   Según una breve biografía que del mismo hace Carlos Borgialli [Arg.Austral 141/1842], Don Clemente Onelli procede de una vieja familia romana, su abuelo -el Conde Guido Onelli- había sido un alto funcionario pontificio, en tanto que su padre, Victorio, un notable abogado romano. "Ya huérfano, estudió en el colegio papal hasta la mayoría de edad; y después de hacer vida en Roma de mundano calave­ra, que devoró su herencia en poco tiempo, se vino  a América cuando sólo tenía 23 años". Además de su juventud y su audacia traía en su bagaje un gran conocimiento de los clásicos, filosofía, teología e historia natural. Seguramente esto último fue lo que hizo que en 1888 Francisco P. Moreno lo mandase al sur a desenterrar fósiles.

    La Patagonia termina atrapando al "gringo" Onelli; éste la recorre incansablemente, adquiriendo un gran conocimiento sobre la misma y sus mágicos paisajes, que vuelca en numerosos artículos de los principales diarios y que determinará su participación en las comisiones de límite con Chile. Con motivo de esta función llega en 1898 al vacilante río Fénix, en Santa Cruz. El río lleva el nombre de una compañía creada por los galeses de Gaiman, que estudiaba la posibilidad de cambiar su curso para irrigar una nueva colonia. Moreno, llegando a las mismas conclusiones que el Ing. Ap Iwan en cuanto a la factibilidad del cambio de curso, vislumbra con genialidad que ésta podía  ser la prueba de oro de su teoría, por lo que le encarga a Onelli que realizase la "travesura". Pocos años después, en su obra Trepando los Andes, Onelli recordará el sonado episodio de la siguiente forma:

"... llegué Pariaiken, sobre el río Fénix, donde en al año 1898, siguiendo instrucciones del Perito  Moreno, desviamos el curso de ese río que desaguaba en el lago Buenos Aires, haciéndolo correr como afluente del Río Deseado. Quedé un rato contemplando la obra que los años y las inundaciones habían comple­tado abriendo más caudaloso lecho: recordé los once días de trabajo febril con las manos llagadas por el uso de la pala; recordé que se debía terminar esa prueba de la teoría de Moreno para el día en que pasase por allí el perito chileno (...). Ahora el río entra tranqui­lo por ese canal y sus aguas se deslizan veloces como si siempre hubiesen hechos eso  desde el principio de los siglos (...)" [C.Onelli, 1904/p.167-69]. 

   Sobre este libro en el que Onelli con peculiar prosa describe su viaje de dos mil kilómetros por la cordillera andina diría Lucio V. Mansilla "No está escrito ni en italiano ni en español. La Acade­mia de lengua castellana o la de Crusca lo pondría en el índex, porque está escrito en lengua platense que, obedeciendo a toda ley de evolución étnica, da ya productos curiosísimos. Onelli, con sus transposiciones gramaticales deliciosas, envidiables, describe y pinta la Patagonia con un vigor de colorido que quita el sueño... o hace soñar" [Borgialli, Arg.Aus. 131/1942].

    Su ímproba labor sería recompensada por Roca nombrándolo direc­tor del Jardín Zoológico: "si bien Onelli -como acota Borgialli- agrandó con ello su personalidad al convertirlo en una de las mayo­res atracciones de Buenos Aires, entreteniendo con publicaciones de sana hilaridad a los chicos y también a los grandes de la República toda, sobre la vida, los amores, las rivalidades, etcétera, de sus pensionistas, ya no pudo Don Clemente volver a nuestros lagos (...)".

    Pero en 1922 al recibir una carta del pintoresco gaucho-yanqui Martín Shefield, en la que lo tentaba con la posibilidad de incorpo­rar a su colección un extraordinario animal "con cabeza parecida a un cisne de formas descomunales  y el cuerpo parecido a un cocodri­lo", el inquieto Onelli no dejó pasar la oportunidad de armar una expedición a un ignoto lago patagónico en busca del mítico plesio­saurio. La colosal aventura mantuvo en vilo a todos durante un buen tiempo, "no sabiendo si se trataba de una broma o si realmente existía en la Patagonia un ejemplar salvado de las épocas prehistó­ricas", cuenta el director de la expedición Don Emilio Frey, quien agrega: "De todas partes me llovían cartas y obsequios entre los que había las cosas más notables: un tango "el Plesiosaurio", una caja de cigarrillos marca "Plesiosaurio", lápices hechos por los presos con la efigie del presunto monstruo (...)".

   De más está decir que la expedición resultó un fracaso, el lago no era más que una laguna de 300 m de ancho y 5 de profundidad y el pícaro gaucho-yanqui advir­tiendo el peligro "se evaporó... así como a los pocos días, satisfe­cho el deseo de don Clemente Onelli, ansioso por sacar del anonimato a las regiones de la Patagonia, se evaporó aquella fábula que en su hora fue el acontecimiento central que apasionó a muchos y divirtió a todos" [C.A.Bertomeu, Arg.Aus.146/1943]. 

   ¿Creía Onelli en el Plesiosaurio, a estar de los siguientes dichos que se le atribuyen -muchos de los cuales podrían ser perfec­tamente valederos en el presente- Onelli, más que en el plesiosaurio, Onelli creía en la Patagonia:

   “Vea, che... también puede ser que me haya sido forzoso, para que se realice este nuevo reconocimiento, recurrir al extremo que supone la historia del plesiosaurio, sin cuya quimera no tendríamos expediciones ni nada. En cambio ahora irán miembros de la prensa del país y del extranjero, acompañando a la expedicionarios, y se difundirán las noticias de la Patagonia y sus maravillas, para tratar de que se forme hacia ella una fuerte co­rriente de turismo, de guapos hombres y capitales. La Patagonia es todavía un país de ensueños para mucha gente, aunque ya es conocida por tierra de asombro y riqueza. Y si no, dígase ¿qué de más fantás­tico hubo que buscando agua en sus áridas costas (...) se hallase (...) el petróleo?".

   "(...) se vienen ya del extranjero sabios, naturalistas y y geógrafos. Traen ansias de estudiarla para saber de ella más de lo poco que nosotros sabemos... y yo los esperaré que vuelvan con el hambre del viejo que fue su entusiasta explorador, porque desde que tuve la dicha de que el ilustre Pancho Moreno me mandara a conocer­la, siempre la quise como si fuera mía"[Esquel, Bodas de Plata].

Fotografía

El italiano Clemente Onelli para la época en que se desempeñaba como director del Jardín Zoológico de Buenos Aires (Foto Arg. Austral; reproducción Med. Audiov-CENPAT).