Galeses, Pampas y Tehuelches

por Marcelo Gavirati

Al cumplirse en 2006 los 141 años del desembarco de los primeros colonos galeses en Puerto Madryn, quise rescatar la significación que tuvo el encuentro de las principales culturas actuantes en los comienzos de la conformación de la sociedad chubutense: Pampas, Tehuelches y Galeses.

Entre las singularidades del intento colonizador de los galeses podemos anotar que éste, si bien contó con la venia del Estado Nacional no surge como un proyecto propio de dicho Estado, sino que por el contrario es impulsado por motivos y finalidades intrínsecos al grupo colonizador, bien conocidos por el lector.

A diferencia de Carmen de Patagones, el otro único caso de avanzada más allá de la frontera anterior a la conquista del Desierto, la Colonia Galesa no contó con el respaldo de una estructura político-militar in situ, por parte del Estado Nacional, que obrase como un factor disuasivo de posibles incursiones violentas por parte de la sociedad indígena. Sin embargo, en este caso, las situaciones de violencia, previas y contemporáneas a la Conquista del Desierto, fueron la excepción y la convivencia pacífica, la regla general.

La sociedad indígena visualizó en la nueva colonia una posibilidad alternativa de intercambio comercial, más cercano a su circuito de migración estacional y en condiciones de mayor equidad que el que le ofrecían los comerciantes de Patagones.

Esta situación los impulsó a sostener la Colonia y apuntalarla en momentos de claudicación de la misma. Así sucedió en 1867, cuando los colonos aguardaban en Madryn para ir en busca de otros horizontes, según nos refiere John Daniel Evans en "El Molinero":

"Hubo amistad entre los colonos y los indios Tehuelches, ellos no querían que         abandonemos la Patagonia, lógicamente se preguntaban «¿Con quién vamos a comercializar si no están ustedes?» Nos alentaban para que regresáramos, hasta llegaron a ofrecernos caballos para facilitar nuestro traslado"

En épocas difíciles los tehuelches los proveyeron de carne y les enseñaron a manejar las boleadoras y sus de técnicas de caza, que fueron incorporadas por los colonos galeses; éstos a su vez pagaban con pan y cocción de alimentos.

La explotación agrícola del Valle del río Chubut por parte de los galeses, se complementaba perfectamente con el modelo tehuelche de ocupación del espacio que, si bien con movilidad estacional, estaba referido principalmente a la meseta -hábitat de sus principales fuentes de abastecimiento de comida, vestimenta y vivienda: el guanaco y el choique.

Consecuentemente, los bienes de intercambio derivados de la explotación de sus respectivos espacios y de relaciones de intercambio con otros grupos: carne, plumas, cueros, quillangos y mantas, por parte de los tehuelches, se complementaron con los bienes producidos o comercializados por los galeses: pan, manteca, leche, yerba y otros "vicios".

Como respuesta a este sostenimiento económico de la Colonia por parte de los tehuelches y en parte también por sus acendradas convicciones religiosas los galeses dejaron de lado sus preconceptos sobre la hostilidad y salvajismo de los indígenas, tornando hacia una comprensión y respeto de sus hábitos y costumbres. En el capítulo dedicado a indígenas patagónicos, A. Matthews, realiza constantes comparaciones y señala semejanzas del modo de vida, vestimenta, alimentación y hasta concepciones religiosas de los indígenas con los patriarcas y profetas de la Biblia, concluyendo:

"Hermanos somos de un mismo origen (en un principio)/ En Adán uno éramos/ Todos somos de la misma sangre? La misma carne, el mismo aliento, y tenemos un sólo Dios" (A.Matthews, Crónica de la Colonia Galesa, p.150).

La gratitud de los galeses hacia los tehuelches tiene oportunidad de manifestarse en 1883, cuando a raíz de la denominada Campaña del Desierto" los colonos interceden en favor sus viejos amigos ante el General Winter en 1883, enviándole una carta de la que extraemos los siguientes párrafos:

"Nosotros, los habitantes del Chubut, rogamos vuestra clemencia, al expresar de este modo nuestro sentimiento y deseo a favor de algunos aborígenes, de estas regiones, conocidos nuestros. Sin pretender interferir en absoluto en las medidas que creéis prudente adoptar, deseamos como viejos conocidos de los indios, expresar nuestra esperanza de que podéis mostrar hacia ellos toda la benevolencia y amparo que permita vuestro deber. De nuestra parte aprovechamos, la oportunidad de declarar que recibimos mucha ayuda de estos indios desde que se estableció la Colonia, y no sentimos nunca, entre ellos, el menor temor por nuestra propia seguridad (...)". (Lewis Jones, La Colonia Galesa, p.136)

Pero la petición no tuvo éxito, prueba de ello es que unos años después, en 1888, John D. Evans, el baquiano, el único sobreviviente del episodio del Valle de los Mártires, al pasar cerca de Valcheta, recorre una "reducción" cercada con alambre tejido de gran altura. Los indios, al darse cuenta que eran galeses, aferrándose al alambrado,

"intentaban hacerse entender hablando un poco castellano un poco galés "Poco Bara Chiñor", Poco Bara Chinor" (Un poco de pan señor)". Entre ellos estaba un viejo conocido de Evans; éste, emocionado, nos narra: "al principio no lo reconocí pero al verlo correr a lo largo del alambre gritando BARA, BARA, me detuve cuando lo ubiqué. Era mi amigo de la infancia MI HERMANO DEL DESIERTO, que tanto pan habíamos compartido. Este hecho llenó de angustia y pena mi corazón, me sentía inútil, sentía que no podía hacer nada para aliviar su hambre, su falta de libertad, su exilio, el destierro eterno luego de haber sido el dueño y señor de las extensiones patagónicas y estar reducido en este pequeño predio"

Evans intenta que el guardia se lo entregué, pero sin éxito.

"Tiempo más tarde regresé por él, con dinero suficiente dispuesto a sacarlo por cualquier precio, y llevarlo a casa, pero no me pudo esperar, murió de pena al poco tiempo de mi paso por Valcheta" (Clery Evans (ed) John Daniel Evans, El Molinero, p.79).

¡Cuan diametralmente opuesta las palabras de Evans a la de los más notorios exponentes de la necesidad imperiosa de exterminio del salvaje!

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