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Vida social
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| Si nos guiamos un poco por lo que escribieron Plino el Jóven y Estrabón, los galos comían sentados, y no acostados como los romanos. Atados de paja hacían de banquetas. Alrededor de una mesa que no era más que un tablón sostenido por especie de caballetes, los comensales se servían directamente de la escudilla, utilizando a veces un cucharón o una cuchara de madera que compartían por turnos. La poca sofisticación respecto de los útiles de cocina parece haber sido la razón de la inexistencia de repisas y armarios en los que guardar los utensillos. En su defecto, utilizaban cajas y cofres de madera, como también cestas de paja para almacenar los utensillos y los frascos cerámicos en que concervaban los ingredientes para las comidas. Los alimentos sólidos eran tomados con las manos, no existiendo cubiertos individuales ni servilletas. En cambio, si conocían recipientes para beber. Acompañaban las comidas con un pan levado que llegó a ser muy famoso en su época. Otra de sus especialidades era la cerveza que fabricaban haciendo fermentar granos de cebada en agua, para luego obtener una bebida amarga, rubia, ligéramente burbujeante, a la que solían agregarle cáscaras, menta, cerezas o miel. Mezclando miel y agua, obtenían otra bebida que hoy conocemos como hidromiel. Más tarde importarían el vino de Grecia, luego de Italia; y éste ganaría rápidamente la apreciación de la población. Los galos eran afectos a fiestas y banquetes en los que comían, bailaban, e incluso intercambiaban regalos de valor. Los guerreros relataban sus hazañas, y los bardos contaban leyendas y gestas. Para estas ocasiones, las mujeres se adornaban con torques, brazaletes de vidrio, lignita o bronce, collares de gruesas piedras de vidrio multicolores, y algunas lucían aretes. Los hombres llevaban brazaletes, y los guerreros torques, pero todos portan broches decorados llamados fíbulas y, más raramente, anillos. Tanto hombres como mujeres vestían prendas multicolores de lana, cuidando bastante su apariencia física, lo que testimonian los numerosos objetos de toilette encontrados en las excavaciones arqueológicas: espejos, peines, rasuradoras, tijeras, pinzas de depilar, estuches de tocador... Además, la pulcritud gala es uno de los pocos puntos en que coinciden con claridad los escritores antiguos. Lo que es obvio si tenemos en cuenta que fueron precisamente los galos quienes inventaron el jabón, que fabricaban con ceniza de madera y con grasa animal . No se sabe con certeza si los prelados, mandatarios e incluso los nobles ocupaban algún lugar determinado a la hora de ubicar a los comensales, o si en las fiestas los galos se mezclaban, dejando a un lado las diferencias sociales. Según algunos cronistas o historiadores antiguos, las fiestas galas terminaban siempre con alguna trifulca, cuando no en una especie de bacanal entre los guerreros. Si bien profundizaremos esto un poco más adelante, es oportuno preguntarse, respecto de los autores de esos textos, qué pudieron haber visto, qué interpretado, y la intención con que lo escribieron. Por su parte, Poseidonios 1, comenta verdaderos duelos durante la comida de los celtas, que generalmente comenzaban siendo simulados, pero al estar éstos armados, era habitual que terminasen con heridas, o con la muerte de alguno. Si los allí reunidos eran muchos, se sentaban en círculo, siendo el lugar del medio ocupado por el personage más importante, ya sea por su habilidad guerrera, su linaje o riquezas. A su lado, y en sucesión, se sentaban según un orden descendiente en importancia o alcurnia. Detrás, los sirvientes portadores del escudo, y delante el que porta la lanza, que sentados también en círculo, comían al mismo tiempo que sus jefes. Esta escena, que parece haberse sacado de una historia medieval sobre los caballeros de la Mesa Redonda, demuestra el origen de la leyenda de Arturo en los celtas, donde el ambiente es netamente galo. Pero nos ilustra parcialmente sobre este hábito, ya que la presencia femenina está ausente por completo, y la imagen parece pertenecer más a una ocasión particular que a una costumbre cotidiana.No cabe duda de que las tribus galas siempre tuvieron algún diferendo que arreglar, por lo que generalmente se atacaban unas a otras cuando no se llegaba a un acuerdo satisfactorio para ambas partes en conflicto. Pero la vida dentro de cada clan no puede haber sido tan violenta pues esto habría impedido que se impusiera por siglos una cultura tal como la que poseían. Es posible que las luchas que presenciaron estos cronistas extranjeros formaran parte de la juerga, y que ésta en alguna oportunidad se les haya ido de las manos a sus protagonistas. De todos modos, no es más que una anécdota, narrada por escritores que jamás se preocuparon por dominar la lengua gala para, a través de ella, profundizar en sus costumbres. Más que nada, contaban el impacto que les causaba lo que veían en los pagos de aquellos hombres que tanto temor infundían a los civilizados pueblos del Mediterráneo europeo. Por lo que guiarse de sus escritos como única fuente, es un tanto utópico si se quiere tener una idea aproximada de quienes han sido los galos. Además, tanto sus apreciaciones como los recursos que utilicemos para demostrarlas o negarlas, no nos permitirán más que acercarnos a la civilización gala de la época de La Tène. Por último, digamos que en épocas de paz, la gente de la nobleza se dedicaba a la caza, generalmente del jabalí, como también al ejercicio de la justicia, y a la gestión de los bienes de la comunidad tribal. En próxima actualización del sitio: "Un intento de descripción física"
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